LA FIESTA ESTÁ VIVA

Por: Rafael Cué*

Articulista invitado

El toreo es un arte, unos lo ven, otros no lo ven, unos lo viven, otros lo desconocen; lo que es irrefutable es que despierta emociones y por eso es arte, además la tauromaquia es cultura, inspira a otras artes, como la música, la pintura, la escultura, la danza, la literatura, la poesía, el cine, la fotografía y cualquier manifestación artística que sea capaz de beber de este amplio caudal de luz, color, valor y honor.

El domingo durante la decimocuarta corrida de la Temporada Grande, vivimos muchas emociones, una de ellas desde el inicio mismo del festejo, el sólo ver a Arturo Macías vestido una vez más de luces para actuar en la plaza que le ha dado todo, después de la tremenda cornada que recibió en octubre pasado en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid, fue motivo suficiente para emocionarse hasta las lágrimas. Todo mi respeto y admiración para los toreros, en especial para Arturo, que ha dado muestras una y otra vez de lo que es vivir bajo la vocación de ser y sentirse torero. La sangre es sólo un precio a cambio de la gloria. El dolor, el calvario de la rehabilitación en solitario, la soledad de la incertidumbre, el miedo y la aceptación, todo vale la pena al momento de iniciar el paseíllo. El público le recibió con cariño y admiración, brindándole una calurosa ovación desde el tercio antes de la salida del primero de la tarde.

Las secuelas de la herida en su pierna derecha no son ni serán motivo para no disfrutar de su toreo. Se le vio toda la tarde alegre, dispuesto y sin verse mermado para estar en la cara del toro. Desgraciadamente la suerte no le acompañó. Sus toros pocas posibilidades le brindaron. Chapeau, torero.

Encabezó el cartel un torero maduro, español, Antonio Ferrera, quien como todo artista auténtico vive con sus fantasmas, miedos, sueños y realidades. Cerró la terna Luis David Adame, un torero al que se le ha apostado mucho en virtud de las cualidades que reúne. Los toros fueron del hierro guanajuatense de Villacarmela.

Vamos por partes, el primero de la tarde fue un toro alto que se paró pronto y al que hubo de lidiar con suavidad Ferrera para que el astado, ante la falta de raza, tuviera alguna embestida aprovechable. No hubo milagro.

Al cuarto de la tarde el hispano le hizo una faena imposible, posible. El arte es crear y el talento del arte es crear ante la adversidad, bajo el mandato puro y único de la inspiración instantánea y un profundo conocimiento del toro, la técnica de torear y el valor. Ferrera desde hace algunas temporadas es él más que nunca. Ha rescatado momentos de la lidia que parecían perdidos, como el quitar al toro del caballo con lucimiento, iniciar la lidia con adornos y suertes poco vistas, manejo de los tiempos distintos, siempre llenando la escena con torería y un punto de teatralidad que gusta al público, cautivando su atención.

El toro le permitió torearle de capa; pese a que le faltó fondo, las embestidas que tuvo las aprovechó desde el inicio de la lidia al recibirlo con “la veleta” —invención del “Pana”—. Como detalle, Ferrera usó un capote que fue propiedad del “Brujo de Apizaco”. Capta la atención del público, que como es costumbre estuvo atento y sensible a lo acontecido en el ruedo. Con la muleta, Antonio llenó la escena con cambios de ritmo en el devenir de la faena, dando al toro largas pausas para que cogiera fuerza; con adornos y desplantes entraba y salía de la cara para torear poco y bueno en una especie de cortejo entre ambos. La preparación atrapaba la atención, el toreo embriagaba de emoción y la salida cautivaba los sentidos. La cereza fue la estocada: Ferrera se fue de la cara del toro, unos 10 metros, montó la espada y la muleta, se fue andando hacia el toro y a paso de banderillas dejó estocada entera para cortar dos orejas como premio a una creación única, teatral, verdadera y llena de torería.

Luis David tuvo los dos mejores toros de la tarde: al primero, de no fallar con la espada, le hubiese cortado una oreja; al sexto, “Caporal” de nombre, precioso cárdeno que fue realmente bueno, le toreó a gusto, con algunos altibajos y por momentos estando por debajo de la intensidad y calidad de la embestida de este gran toro de Villacarmela. Una oreja que supo a poco, dadas las condiciones del toro y el potencial taurino de Luis David.

Este sábado a las 15 horas, asista a la Plaza México, lleve a sus hijos, habrá tienta, tour por la plaza, cine y la posibilidad de vivir la magia del toreo. La entrada es gratis.

Twitter: @rafaelcue

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.