¿QUÉ SABE UN BURRO CUANDO ES DIA DE FIESTA? Esto les diría a aquellos que se han empeñado en acabar con todo lo que en este país se ha construido. ¡Cuándo entenderán que no hay que acabar con las instituciones, hay que acabar con la corrupción! 

Lo anterior escrito fue provocado por la suspensión de las corridas de toros en la capital del país. Este espectáculo, que en sí provoca mucho antagonismo, ha existido durante siglos y en nuestro país fue parte del colonialismo. Me gustan las corridas de toros. Disfruto ver a Morante con el capote y al Juli o a Ponce con la muleta; sin embargo, esa belleza, ese arte de templar, se da si, y solo si la nobleza del toro de lida se manifiesta ante el engaño y se forme un dúo tan fantástico como aquel tango que bailó Al Pacino “Por una Cabeza” en Perfume de Mujer. ¡Maravilloso! Todo el mundo nos rendimos ante aquella frase de Don Pepe Ventura Chávez: ¡Templar no es torear despacio, sino al son de su majestad el toro! Lo dicho, si no hay toro no hay torero. 

Yo no sé si el toro de lidia sufra durante la faena, me imagino que, por la calentura y el coraje mismo del animal, el dolor se pierde. Sin embargo, la puya que, de acuerdo con el transcurso de la faena, sirve para quebrantar el poderío y medir su bravura, es en sí el primer castigo. Después, el segundo tercio, las banderillas, adornos, que sirven para reanimar y exitar al toro sin quitarle fuerza. Después, al final de la faena: ¡La suerte suprema! ¡La que da y quita! La acción de matar al toro y hacerlo bien, con la espada y a la primera o corres el riesgo de perder todo lo ganado. Por su parte el toro también gana, pues su muerte es rápida, seguramente por la adrenalina de la faena. “El toro no sufre porque se le apaga el switch en segundos”. Malo cuando el matador es un chambón y da tres o cuatro pinchazos. El toro muge, le duele, sufre. Su muerte es lenta, sigue la espada de descabello, el toro en las tablas se refugia, su paso lento, torero y alternantes lo siguen hasta que se eche, llegue el puntillero y rueda por la arena. 

Me gustan las corridas de toros. No estoy de acuerdo con los taurinos, con que digan que el animal no sufre. Ningún toro me ha dicho que se la pasa bien durante la faena. Hay cosas que no son agradables, pero las soportamos. Ver la sangre del toro escurrir por el cuarto delantero, no es nada grato. 

No sé si mi comentario sea contradictorio, porque me gusta la fiesta de los toros, aunque tampoco estoy de acuerdo que sea la más hermosa de las fiestas, ni mucho menos que las suspenda un gobierno bobo y populachero. La fiesta de toros sí está en riesgo y lo está porque las nuevas generaciones no la tienen entre sus primeras expectativas. 

Lo que los enemigos de la fiesta no saben y que deberían preguntarse, es: ¿cómo vive un toro de lidia? El animal vive en el campo, donde pasa sus primeros cuatro años de vida. Los primeros 5 o 6 meses los pasan junto a la madre hasta la llegada del destete, después a alimentarse de hierbas y en invierno con piensos preparados para eso, para un toro de lidia, bajo en grasas, no como los toros de engorda que ahí lo que se busca es al revés, solo engordar. Al toro de lidia se le desarrolla una musculatura que la necesitará para la hora de la pelea en la plaza. Su vida es cuidada en alimentación y atenciones, vive en libertad en el campo. En contraparte, si bien el toro de lidia muere peleando y se le cría para ser guerrero, al toro de engorda, vive preso en un corral toda su vida, procurando que no se mueva, acompañado por otros 20 ejemplares en un corral de 5×5 metros, engordando porque su valor estará en su grasa y su carne; y su vida, sin pena ni gloria, acabará con un balazo en el testuz.

Pido disculpas a los taurinos, me gusta la fiesta, pero se debería corregir el sufrimiento del toro cuando se encuentra con una muerte poco digna. 

Hasta la próxima.