AL LARGUERO

Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

En esta sociedad poseída por el frenesí de producir más para consumir más, hay tendencia de convertir las ideas, los sentimientos, el amor, el arte, la amistad y a las personas mismas en objetos de consumo. Es por ello que la gente inteligente reniega un tanto de ese don, porque el conocimiento descubre más dudas y se llega a preguntar a sí mismo si la autoficción es indecente.

Inmersos en el tema imaginemos que nos sentimos parte del triunfo de Imanol y Pancho Quezada, los muchachos de San Pedro que tocaron el cielo en los Grammy Awards y cuando estaban en el foro mundial de la tv, pensaron en sus tiempos de músicos de cantina de pueblo. Ellos soñaron y trabajaron. Tuvieron la fe y el talento, porque el amor sobrevive siempre.

Los laguneros de hoy, descendientes de hombres híbridos que forjaron vida en el desierto, estamos faltos de solidaridad, que les sobra a los regios. De ese regionalismo necesario para ser más unidos, porque hay monstruos que nos habitan y hay resistencias ya que sobran anticuerpos de la libertad de espíritu. Debemos regresar a esa vieja lámpara que nos dio el Aladino del deporte, para exigirle nuevos héroes y más historias por escribir en la máquina del tiempo.

Pasemos las hojas donde vienen los latigazos del Ejote Piña con Oakland, los brillantes lances de Jorge Orta en Chicago, el vértigo de Cenobio Ruiz en su caballo de acero en Roma, luchando contra el reloj, el impacto de Rodolfo Ayup en las duelas nacionales y de Panamericanos, el arte charro de Salvador Barrera en las arenas de USA, las manos y el bat de Moi Camacho en los Diablos Rojos, la Candelas iluminada diosa de la arena y la red, Chuleta Aguilar goleando de cabeza, como ahora la voz y belleza de Alex Romo con los Vilax en lo más alto de su mundo.

La gente común gusta de la prosa liviana para no pensar ni investigar; los que tienen cultura ofrecen la sutileza de los detalles y el descubrimiento del sentimiento. ¿usted de qué grupo es? Seguro del que no puede dejar de renovar su fé en lo que Almada y su gente puedan realizar, para un pueblo acostumbrado a estos niveles, gente que observada de cerca tiene matices inusitados.

Claro, Santos Laguna no tiene ahora mismo el nivel de figuras que antes poseyó. Para colmo, su mejor hombre, Lozano, lleva un año en el purgatorio y apenas está saliendo. Borgetti, Vuoso, Benítez, Oribe, Darwin, golean en el recuerdo y Almada, tiene que rezar con todos porque Aguirre acierte un par o que Alessio, Ayrton y Jeraldino resuciten, mientras Ibargüen sigue sus vacaciones. Santos juega con dignidad y esfuerzo, es equipo solidario pero está falto de contundencia.

El futbol sigue siendo una máquina de fabricar artistas y no se necesita ser un mago para darse cuenta que acordes a su política de producir y vender, los dirigentes locales ya tengan listos los precios de Acevedo y Doria, porque éste es un negocio. Falta saber qué produce esta nueva euforia y hasta donde llega pero no tenemos la facilidad para olvidar y dormirnos temprano.

Con autoficción o no, viendo a Cementeros, toluqueños y Chivas, con su té de tila y sus compresibles dolores y preguntas y a nosotros esperando saltar en la peligrosa jaula del tigre, recordemos a Eduardo Galeano (1940-2015) “El mundo se divide sobre todo en indignos e indignados y ya sabrá cada quien de qué lado quiere o puede estar”.

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