He estado pensando mucho en el Lic. Juan Antonio García Villa. Estoy seguro que la gran mayoría de las personas me ligan al futbol y muy, pero muy pocas, saben que el beisbol me gusta mucho y lo disfruto. Debo confesar que no aguanto las 9 entradas. Me cansa, aunque entiendo el por qué del tiempo entre pichada y pichada. Para mi ese es el juego: qué pichada te mando y cuál esperas, pues es increíble ver a un bateador hacer el ridículo con un slider, cuando es un lanzamiento que lleva todo el veneno y la intención de eso. Y después te repito el slider o te mando una recta de 97 millas. Decir que sí o decir que no en el leguaje entre un receptor y un lanzador, esto es la vida de un juego. Como espectador lo debes entender, y saber que el juego es lento porque el gato y el ratón se juegan la vida. Se puede hablar del robo de base, del toque de bola, de lo espectacular que es una rola al short, una espectacular atrapada y como colofón, una super raya a primera base para sacar el out. 

Podemos ver a un bateador golpeado caminar a la primera base tragándose todo el dolor del golpe, y compararlo con los maricas jugadores de futbol que se retuercen por nada. El beisbol es un juego mucho mas honesto que el futbol. Las reglas son mas claras. No hay criterio de nadie. Quizá el del ampáyer de home cantando una bola en los limites del strike. En fin, me faltarían hojas de papel para describir en toda su expresión este deporte de estrategia, de calma, de números y de mil cosas más.

Quise comparar estos dos grandes deportes, pero es muy difícil. Lo cierto es que los dos tienen lo suyo. En ocasiones me pregunto: ¿Qué hubiera pasado si a Azcárraga Milmo le hubiera gustado mas el beisbol? Nos lo hubiera metido por la tele y ¡el Peje sería felij! Lo cierto es que nuestro pueblo no es para el beisbol. La raza no aguanta el tiempo entre pichada y pichada. La raza es efervescencia, es más pasional, es más de contacto, más de improvisación, de rapidez, de velocidad. Quizá por eso los aficionados al beisbol consideran al futbol como ¡un juego de panaderos! Y como están las cosas, no les falta razón.

Quiero insistir en que algo hay que hacer en este futbol mexicano. Hay que acabar con los maricas –que son muchos–. El pasado domingo sucedió una cosa increíble en el juego de Santos Laguna contra el Toluca: había dos balones en la cancha. Los rojos ganaban y faltaba poco tiempo para el final, entonces sucedió que uno de los toluqueños, en lugar de patear el balón que no estaba en jugo hacia afuera, ¡lo pateó hacia más adentro de la cancha! Qué poca madre de tipo. Qué poca calidad moral. Los valores los trae en el trasero y la conducta antideportiva sólo vale una tarjeta amarilla. Ese es nuestro futbol: un futbol de tramposos y de maricas. 

Don Juan Antonio: ¡qué bonito es el beisbol!

Hasta la próxima.