LA FIESTA ESTÁ VIVA

Por: Rafael Cué*

Articulista invitado

Esa era la obsesión de Pepe Manzanares, banderillero antiguo, un apasionado del toreo y de la belleza que aporta el torero a este arte. Padre de José María Dols Abellán, conocido como José Mari Manzanares, ilustre torero alicantino que el pasado jueves 24 de junio, día de San Juan, cumplió medio siglo de haberse doctorado en tauromaquia en su plaza, con apenas 18 años de edad, y de manos de dos Figuras de leyenda: Luis Miguel Dominguín y Santiago Martín “El Viti”.

Grabar imagen en el alma de los aficionados era, a entender de Pepe Manzanares, el objetivo del arte de torear. No estaba lejos de la verdad el viejo sabio del toreo. Un artista que no graba imagen, pasa sin pena ni gloria por la vida, no comunica, como el hombre o la mujer que no dejan huella por sus actos desde la intimidad de su círculo más cercano.

José Mari Manzanares es torero de toreros, título que sólo es posible ostentar desde la admiración despertada en otros toreros. Hablamos de lo sublime, de los hombres bendecidos por la mano de Dios para ofrendar su vida ante un toro y alcanzar cotas más allá de la posibilidad de la descripción escrita o la palabra. Emociones que se expresan con el alma y se graban en el sentimiento de quien tiene el privilegio de gozarlas.

La libertad en el arte es una de las herramientas más difíciles de manejar por los artistas. Hacer caso sólo al sentimiento, a los valores, a los comienzos y a los instintos. Así fue la vida del maestro Manzanares. Su paso por el toreo no se mide en orejas y rabos, los hubo, y muchos. Su tauromaquia es espejo de sus contemporáneos, de todas las generaciones siguientes y las que están por venir.

Su toreo comenzaba desde el ritmo al andar, el parado natural, gallardo y elegante, la forma de estar en la plaza, de mirar al toro y su cuadrilla, al público y a su alma. La manera de citar, dando el pecho al toro con amor, nunca desafiante ni vulgar, poniéndole el corazón con la velocidad que pensaba llevarlo embebido en los vuelos de su mágica muleta, extensión de su alma, su barbilla y su cintura poderosa. En su tauromaquia toreaba más el cuerpo que los engaños, estos sólo eran el punto físico de contacto con el toro, el punto realmente importante de contacto es el alma, y esa, Manzanares la entregó siempre al toreo.

El tono de su voz viril al citar, de comunicarse con el toro, con firmeza y con respeto. Atropellar la razón ante un toro no es amar el toreo, intentar darle al toro la ventaja y la posibilidad de desarrollar su arte en la embestida es el verdadero toreo. Entender la distancia en la que el toro siente y expresa su poder, es de buenos toreros.

Todo artista sufre, la soledad es necesaria compañera del torero. Estos hombres y mujeres que entienden la vida sólo bajo la premisa de convivir con la muerte todos los días, haciéndola su compañera de viaje, de miedos, de la asfixiante soledad de un cuarto de hotel a la espera de vestirse de seda y oro. El maestro alicantino fue un hombre solitario, amigo de sus amigos, flamenco de camisa rota, auténtico e intenso.

Ídolo en los ocho países taurinos. Ante ocho culturas distintas su arte siempre fue el mismo y en todas caló muy hondo. México fue fiel receptor de su tauromaquia, el maestro expresaba el toreo como nosotros lo sentimos. Difícil de explicar, pero así fue. En este país tan sensible y maravilloso se refugió inviernos a torear y gozar.

Era la estampa misma de un torero, de luces o de civil, en la plaza o en la calle Manzanares siempre estuvo en torero. Se cuentan anécdotas que ya son leyendas, de su forma de vivir y de torear. Basta con ver su muñeca al rematar un natural para entender su tauromaquia.

La vida le dio gloria y fama, le cobró con soledad. El día grande de San Juan celebramos su alternativa, este año medio siglo de empaque, de solera y torería. Alicante se ha volcado, ha bautizado éste como el año de Manzanares. Las corridas en su honor y en su plaza, han sido un tributo emocionante, honrándole con buen toreo, como a él le hubiese gustado.

Su hijo, José María Manzanares, ese mismo día cumplió 18 años de alternativa, la mayoría de edad taurina para llamarle “maestro”, no por los años sino por continuar grabando la imagen del toreo de la dinastía Manzanares.

Gloria a usted, maestro, gloria a esta magnífica cepa de toreros que iluminan nuestro mundo. En su hijo seguimos gozando de su concepto, con su propia imagen grabada en nuestras almas.

Foto: @Firma_Arjona

Twitter: @rafaelcue

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.