Ney Blanco de Oliveira en la Corte del Rey.

Charlas con Héctor Huerta

Capítulo I. Decir “Pelé” es decirlo todo en el fútbol.

Tratándose de otro jugador, tendríamos la obligación periodística de responder al qué, quién cómo, cuándo y dónde.

Con “Pelé” lo explicativo se torna obvio.

Desde su aparición y hasta nuestros días es palpitante actualidad. Aún en su retiro sigue conservando la condición de hombre noticia.

No existe sobre la faz de la tierra presidente, primer ministro, jefe de gobierno o dictador que soporte la tentación de retratarse con el más grande de todos los deportistas. Aunque fuera por unos segundos, quisieran tener el privilegio de convertirlo en huésped distinguido.

“Pelé” nació predestinado a ser un hombre de varios siglos, como Mozart a la música, Shakespeare al inglés o Cervantes al castellano.

No sería un atrevimiento considerar que el impacto de “Pelé” será tan intenso cuando Dios lo llame a cuentas, que en aquellos días de esplendor futbolístico, en los que cambiaba los rostros afligidos de este siglo por caras deslumbrantes de felicidad. Con su magia hizo una muda: a la tristeza la transformó en alegría.

El crecimiento del fútbol, que pasó de simple juego a una industria de proporciones incalculables, siempre dividirá su ciclo histórico en antes y después de “Pelé”.

Siendo una leyenda viviente, un hombre de siglos, un inmortal en la cabal interpretación de la palabra, de “Pelé” hacía falta hacer un relato documentado, con el recurso de la anécdota y las pequeñas confidencias que hacen las grandes obras.

Y nadie mejor para hablar íntimamente de la Corte que uno de los que tuvieron el honor de compartir y de disfrutar de ese milagro de la creación en el tapiz verde que fue “Pelé”.

En México, nadie puede platicar la vida de “Pelé” con mayores elementos de juicio que uno de los cortesanos del reinado: Ney Blanco de Oliveira1, quien conoce incluso la raíz anterior, pues fue y sigue siendo amigo de “Dondinho“. ¿Y quién es “Dondinho“? El padre de “Pelé”. El y doña Celeste dieron vida a un ser humano que trascendió con una luminosidad propia y por un genio único, la barrera del tiempo.

Decir tiempo obliga a decir edades. En el caso de “Pelé” no existe el parámetro existencial. Los inmortales no necesitan acta de nacimiento.

Porque su impacto trasciende fronteras y épocas; porque su nombre aún en el retiro es palpitante actualidad; porque es modelo de aquellas y de éstas generaciones y porque con “Pelé” quedó demostrado que la clase social, el origen y el medio ambiente no representan obstáculo insalvable para un hombre tocado por designio divino; por todo se pensó en escribir 30 capítulos sobre la Corte del Rey.

Un día, lo dijo Armando Nogueira, y lo dijo bien: “Si ‘Pelé” no hubiera nacido hombre, hubiera nacido bola…”.

En sus 27 años en México, Ney Blanco de Oliveira no habló de “Pelé” por razones que él mismo se encargará de explicar2.

Aceptó decir mucho -nunca se dirá todo en torno a “Pelé”- porque hay cosas que se hacen en el fútbol mundial que no corresponden a los ejemplos y a la vigencia del más grande de todos.

(Mañana: el por qué de Ney Blanco para hablar de “Pelé”).

  1. Esta entrevista fue realizada en el año 1987. Ney Blanco de Oliveira ya ha fallecido.
  2. 27 años al momento de la entrevista.

Twitter: @emaciasm