AL LARGUERO

Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

Lejos de lo cotidiano, enrolados en ejércitos de lectores selectivos, uno tiene el tiempo necesario para examinar la historia y sobre todo, como nunca, indagar en la personalidad del relator, más de los que escriben sobre hechos vibrantes por la obligación que dan para pensar y distinguir, porque está en el recuerdo y no en el olvido, el real y verdadero invento del demonio.

Esto de leer, pensar, investigar e ir anotando, es demasiado útil, pues acelera el pensamiento, enriquece el conocimiento y de repente, esos narradores escogidos, ya son aquellos que sin haberlos conocido personalmente, siempre nos acompañan. Aprendes a quererlos porque han sufrido, pues no hay nada más efectivo para hacer enemigos que tener ideas y argumentos que sobrevuelen a lo común. Son como el crack que después de ser golpeado, regatea de forma única, deja tirado a su marcador que le mira el número y que recordará ese dorsal por mucho tiempo.

Y los temas tienen uno prioritario, el Covid 19. Y se lee. “Los virus son inquietantes, porque no están vivos ni muertos. No están vivos porque no pueden reproducirse por sí mismos. No están muertos porque pueden entrar en nuestras células, secuestrar su maquinaria y replicarse”. Ese solo hecho conduce a meditar en la vulnerabilidad de los humanos y en el riesgo que vivimos.

Entonces, de plano, hay que refugiarse en la vida alterna que hemos ido forjando de a poco, esa donde existen solamente la estética, la vida plena, los sueños cumplidos y los recuerdos a la disposición pero siempre con buenas cuentas e imágenes reformadas. Selectivos pues, como El Santo y Gory Guerrero en la noche dominical de la Plaza de Toros Torreón, medio matando a Henry Pilusso, que sangraba y El Gladiador con su máscara rota. Qué rudazos, señor mío.

O el fenómeno Antonio Pollorena en 1974, luciendo en la loma como un gigante.

Año vibrante en el Estadio Superior: 25-7 con 25 juegos completos y 183 ponches para los azafranados de Unión Laguna. Después 20-11 en 1975; 20-9 en 1976 y 20-11 en 1977. Hoy, los mejores no ganan ni una docena. La gente lo amaba pero nadie le hablaba si traía la gorra al revés, símbolo de ira o tensión.

O las etapas santistas con jugadores potentes y de zancada larga, con Borgetti como su principal activo, siempre dispuesto a ocupar un sitio relevante en el mundo y se retrataba en el viejo Corona con su canto de gol con el pueblo, en gritos que ahí quedaron grabados y se escuchan en las noches. Fuimos su coro por años, en esa loca carrera de alegría que todavía palpitamos.

En esas manipulaciones se puede escoger e ir de una década a otra. Nene Estrada está jugando golf en el Campestre de Gómez. Cenobio Ruiz no se cansa de ganar con su pegaso de pedales.

Los hermanos Segura andan sobre sus motos rugientes. Polo Torres rindió a Goliath con una quebradora en todo lo alto. Calucas Ríos noqueó en la Olímpico a Félix Liendo. Chuleta hizo gol.

Todo está bien, nada de pensar en amores idos o perdidos y mucho menos en imágenes, porque te asomas a una fotografía y surge el pasado y se despiertan los muertos y los sentimientos renacen y la memoria olvidada se hace presente y las palabras ya no pueden tener eco, son un gran conversación.

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