La historia reciente de Aleco Irarragorri como Presidente de Santos Laguna es una historia de viralidad, liderazgo y futbol que demuestra cómo los resultados pueden cambiar la percepción de un personaje, pero no sustituyen la obligación de propia de su cargo.
El directivo más joven del futbol mexicano forma parte de una narrativa futbolera inesperada en prácticamente todos los aspectos. En cuestión de semanas pasó de ser objeto de memes y burlas al centro de atención de la conversación a nivel nacional.
El episodio “Color Esperanza”, en el que se viralizó un video en el que aparece cantando la famosa canción del argentino Diego Torres en medio de una de las peores crisis deportivas en la historia del conjunto lagunero lo marcó para siempre, para bien y para mal. Me refiero a que, lo que parecía hundir al directivo más joven del futbol mexicano terminó por encumbrarlo.
Y es que el futbol tiene una particularidad: el significado de las cosas puede cambiar en 90 minutos. Conforme Santos comenzó a ganar, aquella canción dejó de representar únicamente las burlas y empezó a acompañar los festejos. Lo que nació como un recurso para ridiculizar al club terminó adquiriendo un sentido distinto en las tribunas. La esperanza, que parecía una palabra difícil de sostener en medio de las derrotas, encontró una nueva oportunidad.
El giro es interesante porque no fue producto de una campaña publicitaria convencional. Fue una historia alimentada orgánicamente por la conversación digital, las emociones de los aficionados y una racha de triunfos que le dio otro contexto. La viralidad puso el tema sobre la mesa; las victorias le cambiaron el significado.
Aquí considero importante destacar que la media docena de triunfos no llegaron por casualidad, mucho menos por cantar una canción, eso sería faltarle el respeto al trabajo interno del equipo, a esa silenciosa y paciente labor realizada por el tridente que conforman Gonzalo Pineda, Renato Paiva y el propio Aleco, junto a toda una red de trabajo interno y que comprende principalmente a preparadores físicos, nutriólogos, médicos y entrenadores en las distintas áreas de la institución, aspectos que se renovaron con la llegada del joven dirigente.
Otro aspecto a destacar pero que muchas veces dejamos pasar es el “scouting” para conformar la nómina; elementos como Mauricio Cuevas, Facundo Cáseres o Ezequiel Bullaude, por mencionar algunos, son producto precisamente de ese departamento.
El directivo en la era moderna
No puedo asegurar que sea la nueva manera de dirigir a un equipo de futbol, tampoco puedo afirmar que todo sea parte de una idea de marketing que se efectuó con toda la intención de colocarlo en el otro extremo de los memes simplones.
Lo que sí puedo ver es que se trata de un presidente joven y que, por consecuencia, ve el mundo de la misma manera en que lo ven las nuevas generaciones, a esas a las que no entendemos los viejos. Por primera vez en 25 años que llevo cubriendo muy de cerca al Santos Laguna, veo a un dirigente que va más allá del discurso, es más, lo hizo a un lado para llevarlo directamente a las tribunas. Sus fotos y videos arengando o conviviendo con la afición, invitando desde su cuenta de X personal, y no desde la cuenta del equipo a seguidores “de a pie” al palco o a viajar con el equipo es algo inédito. No tengo elementos para decir que sea algo planeado u orgánico, pero sí puedo asegurar que ningún otro directivo lo ha hecho. Yo lo acredito al entusiasmo propio de alguien de su edad.
Ahora bien, esa exposición tiene dos caras. Puede generar identificación y acercamiento, pero también multiplica las críticas cuando las cosas salen mal. La misma celebración que hoy provoca simpatía puede convertirse mañana en motivo de cuestionamiento si el equipo vuelve a perder. Tal como pasó al principio de todo.
Por eso, reducir su figura a un meme sería tan simplista como considerar que una racha ganadora resuelve todas las dudas sobre su gestión, ya que no hay campaña que soporte malos resultados, y eso en La Laguna lo saben por experiencia propia.
Hoy, Aleco tiene ante sí una oportunidad para transformar la atención que hoy recibe en algo duradero. No basta con que la conversación sea positiva; el desafío es que esa energía se traduzca en confianza, presencia en el estadio y un equipo que vuelva a competir por objetivos importantes. Porque la viralidad puede abrir la puerta, pero no puede ganar los partidos.
Al final del día, Aleco será juzgado al igual que el resto de los altos mandatarios de nuestro futbol. Porque la esperanza se pinta de verde, pero la identidad se gana en las canchas.
X (Antes «Twitter»): @betoruizg
