LA FIESTA ESTÁ VIVA

Por: Rafael Cué*

Articulista invitado

El pasado sábado los taurinos viajamos en el tiempo, resulta que el maestro Morante de la Puebla anunció que se encerraría con seis toros de la ganadería Prieto de la Cal en la plaza del Puerto de Santa María. El aviso fue a finales de junio y desde entonces el mundo del toro fervorizó la fecha, se acabaron los boletos en 20 minutos y se comenzó a construir una historia maravillosa de un torero en solitario ante seis toros legendarios.

Vayamos a los protagonistas. Ganadería Prieto de la Cal, fundada en 1941, cuando el abogado vallisoletano Tomás Prieto de la Cal adquiere toros y vacas del encaste Veragua que la familia Domecq había desechado por alejarse del tipo de toro que tenían en mente y que a la postre han conseguido. Ese mismo año el abogado se hizo del hierro del matador Marcial Lalanda, que hubo de matar su ganadería para poder subsistir y comer durante la Guerra Civil Española.

Una de las características morfológicas de estos toros es el pelo blanco, denominado “jabonero”, esta pinta viene de principios del siglo XX, cuando el duque de Veragua tuvo un extraordinario semental jabonero, y de ahí que este pelo sea predominante en la ganadería onubense. Definida la morfología, ahora vamos al comportamiento, la marquesa de Seoane, doña Mercedes Picón Agero, viuda de don Tomás Prieto de la Cal, y su hijo del mismo nombre, son quienes desde hace más de 50 años están al frente de este encaste Veragua, casi extinto en el resto del campo bravo español. Madre e hijo valoran el comportamiento de sus toros con base en la bravura y acometividad del toro en los tres tercios de la lidia, dando especial atención al tercio de varas. Defienden a muerte la agresividad de sus toros, la bravura en estado salvaje, digamos, un toro más parecido a los años 30, 40, 50 y 60, décadas de máximo esplendor de esta casa ganadera, de la mano de los hermanos Dominguín y el maestro Antonio Ordóñez, toros a los que hay que dominar y no necesariamente bajo el poder de la belleza y la estética, donde el toreo parece fácil y pierde el atractivo de la emoción natural del encuentro entre un toro bravo y un hombre. De los 70 a la fecha este hierro ha batallado por no quererse adaptar al “sistema” taurino en el que pocos mandan afectando a muchos, y han minimizado la variedad en la oferta, por lo que ganaderías que se mantienen bajo sus principios y que no se acomodan o doblegan al sistema simplemente son hechas a un lado.

El otro protagonista, el maestro Morante de la Puebla, genio entre los genios del toreo, privilegio de nuestra época, rebelde y libre de pensamiento y actuar. La esencia del arte y la tauromaquia del genio de la Puebla, por muchas temporadas se vio alineada al antes mencionado sistema que no podía prescindir de un genio como él, pero que muchas veces terminó por asfixiar su esencia. Con más de 20 años de alternativa y en medio de la peor pandemia que nos tocará vivir, lejos de huir como otros, el maestro aprovechó el vacío y se echó a los hombros la temporada y la tauromaquia, para sin el pretexto del dinero o mal entendido “caché”, torear y actuar cuando y como él cree que se deben de hacer las cosas; Morante no tiene apoderado, él mismo puede por su categoría e importancia gestionar su carrera.

Con estos antecedentes, Morante decidió lidiar seis toros en solitario. El mundo taurino giró a su alrededor. La televisión, fundamental en estos tiempos de difusión, no pudo hacerse del evento, lo que provocó que los interesados literalmente viajáramos en el tiempo. Sólo 5 mil localidades disponibles, vendidas todas. El resto del universo taurino nos sentamos al lado de una computadora a escuchar por radio la tarde. Maravillosa experiencia, uno de los objetivos de Morante, estoy seguro. No había comenzado el festejo y los WhatsApp echaban humo comentando el vestido de estreno azul purísima y oro del sevillano. La siguiente imagen, el maestro con su cuadrilla viajando en calesa hacia la plaza, añeja imagen de otros tiempos del toreo.

Tras el himno español antes del paseíllo, signo de orgullo de un pueblo que defiende su esencia, al sevillano se le hizo saludar desde el tercio antes de la salida del primer jabonero.

Después salió el toro, uno tras otro y la cosa no resultó como todos soñábamos. Así son los toros, este animal decide cuándo sí y cuándo no, pese a la ilusión del ser humano. Escuchar la brillante narración de Juan Ramón Romero por Carrusel Taurino de Canal Sur Radio, acompañado de mis hijos; dejamos celulares, cerramos los ojos y viajamos en el tiempo para vivir y ver por radio el festejo desde El Puerto.

Corridas buenas y malas las hay en todas las ganaderías, ni la primera ni la última, lo que sí fue un acontecimiento fue poder viajar en el tiempo, gozar y entender a Morante y respetar un hierro cuyo concepto es inquebrantable. Valores de la tauromaquia, valores de la vida.

Twitter: @rafaelcue

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.