Por: Rafael Cué*

Articulista invitado

Huamantla es una de las ciudades mexicanas que han obtenido la denominación de “Pueblo Mágico”, formando parte de los 111 que hay en todo el país. Enclavada al oriente del taurinísimo estado de Tlaxcala, esta ciudad reúne un sinnúmero de tradiciones, desde sus bellos tapetes florales, su amor por la tauromaquia, sus títeres, su gastronomía y la Huamantlada, hasta su pasión y devoción por Nuestra Señora de la Caridad, festejada cada 15 de agosto con la bella procesión de “La Noche que Nadie Duerme”, donde la ciudad es adornada con más de 10 km de tapetes multicolor de serrín, por las principales calles. Cuna de grandes ciclistas —los Arroyo— y de una folklórica y emocionante carrera de autos a campo abierto: la Carrera de Carcachas.

Bajo el manto de la imponente Malinche, esta ciudad vive la magia de la montaña vigilante.

Prácticamente en el centro de la ciudad se encuentra la plaza de toros “La Taurina”, que cumple este 2018, 100 años. Parece estar escondida, su entrada es por un pintoresco callejón, tipo vecindad antigua, lleno de color y sabor mexicano. Vecino del coso está el Museo Taurino; un acierto por parte de la ciudad desde hace ya varias décadas el sustentar con cultura la tradición taurina de México.

¡Cuántos sueños se han consumado o truncado en ese ruedo! Desde los incipientes novilleros, aficionados prácticos y toreros que han tenido el privilegio de partir plaza en “La Taurina”. Templo de la historia del toreo en México, ya que la Feria de Huamantla siempre ha sido importante dentro del calendario taurino nacional, sobre todo a partir de 1997, cuando Promotoro tomó las riendas y le dio seriedad y respeto a su administración, tan es así que se convirtió en anhelada y codiciada plaza para empresas taurinas de todo tipo, desde los oportunistas hasta la vieja guardia del monopolio sin visión ni misión. Tras el éxito de 1997 y 1998, al coso se le aumentó el aforo, de 3,500 a 5,000 personas.

Dos fechas son cruciales en la feria taurina: el 14 por la noche y la corrida el día de la Huamantlada. Hasta 2005 la más importante era la Huamantlada, lleno seguro, pero ese año la historia cambió, cuando gracias a la visión y amor por su ciudad, Juan Antonio Hernández El Torero, popular comentarista de televisión, me propuso —en aquella época era yo director de Empretauro— llevar a cabo La Corrida de las Luces, aprovechando el marco inmejorable de la procesión nocturna del día 14. El cartel de aquella noche: el maestro Jorge Gutiérrez, Uriel Moreno El Zapata y Atanasio Velázquez, ante seis toros de Marco Garfias. Esa mágica velada dio inicio a una tradición que año con año mejora en espiritualidad y sensibilidad.

Antes del festejo taurino, comienza una procesión en el ruedo engalanado con tapetes, los toreros y actuantes desfilan, se apagan las luces y el público que abarrota los tendidos enciende veladoras, dando un toque místico y solemne. Un magistral coro llena el espacio de música que eriza la piel y hace un nudo en la garganta.

A partir de ese momento comienza la magia de unir lo espiritual con lo artístico, ambos ingredientes íntimos de la tauromaquia. Las corridas de toros esa noche no suelen fallar, el público asistente conecta sus almas entre sí con el torero y con el toro; aquello es verdaderamente mágico.

Enhorabuena, “Taurina”, 100 años de pasión e historia. Huellas del Ranchero Aguilar, de El Callao, de El Pana, de Jerónimo y de tantos y tantos que poniendo su vida de por medio han dado a tu historia arte, gloria y sentimiento.

Esta noche, en punto de las 20 horas, tienen los honores el rejoneador Santiago Zendejas, Joselito Adame, Octavio García El Payo y Angelino de Arriaga, ante siete toros de Xajay. Que Nuestra Señora de la Caridad los acompañe e ilumine para que escriban con arte y gloria su página en esta apasionante historia.

Twitter: @rafaelcue

 

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.

Anuncios