AL LARGUERO
Por: Alejandro Tovar Medina
Articulista invitado
Fernando Guerrero (CDMX, 45) tiene gran panorama de la cancha y define situaciones arbitrales antes que los propios colegiados, por experiencia, por intuición, por capacidad, pero en cuanto toma el micrófono llegan sus problemas, porque no tiene el vocabulario amplio y las palabras adecuadas para explicar situaciones. Es experto en arbitraje pero sus niveles culturales son medianos, y eso opaca la opinión en TV. Ni siquiera acierta a identificar a los jugadores protagonistas.
El domingo en Toluca, el joven árbitro central Luis Alfredo García (CDMX, 36) tuvo fallas notables para ambos lados, y en esos yerros colaboró la gente del VAR, sobre todo en dos acciones de Aguirre. García es un tipo preparado. Tiene licenciatura en Ciencias del Deporte y otra en Administración de Empresas, sin embargo, para estos afanes precisa de una mayor actividad. Lleva dos años en primera. Guerrero lo utilizó para decir que “el arbitraje mexicano está pasando por mal momento”.
Sabemos que el pasado es un juguete roto que cada cual compone de acuerdo a su entender, y a los galones de agua que lleva a su molino, pero ya el verano recibe, aunque sea de vez en cuando, una erosión de fronteras entre ficción y ficción. Lo muestra la versión del clásico en CDMX, donde Chivas no pudo completar la faena y América lo alcanzó, pero todo en un gran partido.
Ser curioso no significa vivir sin miedo, y se justifica husmear en el espíritu de nuestro tiempo, porque los regios dirán lo que gusten, pero Santos Laguna, que ha vivido enmascarado toda la temporada, tiene los mismos siete puntos que el rico y famoso cuadro de la UANL, ese donde Vucetich ha tenido que acudir a los viejos libros de las excusas y rescata una palabra para Tigres: “reconstrucción”. ¿Y entonces uno debe entender que ese grupo fue destruido por un terremoto?
Los más felices del domingo debieron ser Aleco y Paiva. El primero porque ya pudo respirar, después de estar viviendo un largo tiempo en el laboratorio y escenario de la incertidumbre. Paiva formó la base del Toluca que después Mohamed concretó con refuerzos; pero en el proceso santista se dibujó, después de mucho, su idea y convicciones. Claro, mucho tuvo que ver la irresponsabilidad de Everardo López (Metepec, 21), que fue a buscar a Bullaude en el medio campo, y no a la pelota. Expulsión merecida y segundo tiempo de otro color, porque Renato decidió atacar. Nadie lo dijo, pero si Ezequiel no afloja un poco su cuerpo, López lo habría partido en dos.
El mensaje eléctrico que enviaron los goles de Kevin y Villalba incendiaron el sentimiento popular. En el festejo del 3-2, con los suplentes y titulares persiguiendo al españolito, íbamos detrás con el corazón, y con un ácido para destruir el estado de ficción que se ha vivido y estancado en casa. Hoy somos como el verso del sevillano Gustavo Adolfo Becker (1836-1870): “El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada”. Y eso fue al reencontrar la alegría.
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