AL LARGUERO
Por: Alejandro Tovar Medina
Articulista invitado
Somos lo que hacemos, no lo que pensamos o lo que sentimos, sobre todo cuando la necesidad es como un muro de piedra, donde el tiempo que pasa, es la verdad que huye. Uno se pregunta como ingenuo e ilusionado aficionado de TV, ¿Mr. Paiva llevó a Tijuana a su plantel completo?, porque dio la impresión de que sus jugadores flotaban en el pasto sintético; de que sus cualidades, coraje y orden se quedaron en el hotel. Hubo talentos secretos que aparecieron demasiado tarde.
Como dicen los enterados, “Paiva le movió al equipo”, pero su línea de cinco fue un fracaso, pues los centrales no hacían el recorrido adecuado cuando sus laterales, que intentaban ir al frente, eran rebasados o dejaban huecos enormes. Preciado sorprendió varias veces a Cuevas y los balones por alto fluían e impactaban como la lluvia en el desierto, lo que identificó la realidad.
Aparte de una defensiva permisiva e inestable –el cuarto gol fue con un error grosero–, Santos Laguna careció de futbol elaborado, por su notable imprecisión y su confusión de identidad, además de un arbitraje del veterano Santander lejano a las jugadas, guardando las tarjetas y luego repartiendo cual si fuesen mensajes navideños. ¿Hasta ahí le llegó el combustible al grupo? Aún restan nueve puntos por disputar y para revelar. Fue un domingo con demasiadas sombras.
Por si fuera poco, los fans, hijos del sol y del desierto, recibieron una crónica televisiva propia de sudamericanos, porque los protagonistas eran todos extranjeros. La dama de la voz principal en cada gol nos regalaba un grito propio de alguien que pide auxilio, a quien le aplastan los dedos, y ahí viene otra pregunta, ¿es que dejó de haber valores mexicanos aptos y buenos para el micrófono? Al menos en Torreón hay una chica mejor, que es la Lic. López, antes de FOX.
Nos queda el impulso del beisbol de Serie Mundial, esa que nos hace recordar a tantos fenómenos del diamante, porque ese juego maravilla es un teatro de personajes que cambian su papel de partido a partido, son seres escogidos por casta, porque pertenecen a una generación solo de privilegiados. No es solamente admiración, es también de envidia, porque uno quisiera ver en su equipo a gente como Caminero, Yandy Díaz, Liam Hicks, con tres lanzadores de alto nivel con Nick Martínez, Drew Rasmussen y Freddy Peralta. Nuestro Jonathan Aranda también es de élite.
Enfrente están otros caballos finos. William Contreras no solo es un receptor y bateador de alta calidad, es también un líder natural y efectivo. Jackson Chourio solo tiene 22 años y es un pilar con promedio de .300, pero se unen a figuras como Jacob Misiorowski (24), la gran estrella del montículo que lanza rectas envenenadas, y el cerrador Trevor Meguil (30 salvamentos). Pero el gran mérito es de los mánagers Pat Murphy (67) de Brewers y Kevin Cash (48) de Tampa Rays.Los seres comunes, esos que solamente pueden sobrevivir, están inmersos en este tipo de temporadas que alegran el alma, porque es una forma de dar un paso adelante que nos ahorre quebrantos, porque a veces nos sentimos como habitantes de un mundo extraño, donde persiste la irrelevancia. Abrazamos al beisbol para salir de nosotros mismos, ser otros, gracias a la fantasía.
X (Antes Twitter): @Tovar1TV
