Sábado 10 de marzo de 1990. Por la tarde acudí a la Unidad Deportiva Torreón a disputar un partido programado por la liga en la que uno de los equipos con los que jugaba estaba inscrito. Sabía que a las 5 de la tarde, Santos Laguna jugaría en el estadio Azteca, visitando a Cruz Azul, equipo que no estaba teniendo un torneo como el anterior, en el que llegó a la final, perdiéndola ante América. Además de que teníamos partido por disputar, sabíamos que aquel Cruz Azul vs Santos Laguna no sería transmitido por televisión abierta ni por cable en la Comarca Lagunera, y que en el bar en el que poco más de un año antes solían sintonizar la señal de los encuentros disputados por Santos Laguna con su antena parabólica ya no lo hacían, dado que pasó de ser bar deportivo a lugar en el que connotados miembros de la sociedad lagunera acudían con sus amores secretos, así que nos resignarnos a no ver el encuentro disputado por los Guerreros.

Tras terminar el partido que disputé con mi equipo, los compañeros y yo conversamos un buen rato, mientras nos retirábamos los zapatos, calcetas, espinilleras, vendajes; y nos sacudíamos la tierra que se nos metía por todos los recovecos corporales, producto de las barridas y revolcadas sufridas al fragor de la batalla. La plática se prolongó hasta que vimos que el sol se metió y comenzaba a oscurecer. Me despedí, tomé mi maleta y caminé rumbo a la salida del complejo deportivo, ubicada en el Paseo de la Rosita. En el camino, observé a un señor sentado detrás de una de las porterías de la cancha contigua al velódromo, quien repentinamente estalló en júbilo, gritando y festejando. Me llamó la atención su reacción, ya que ésta no correspondía a lo que sucedía en ese momento en la cancha hacia donde él miraba, en la que el balón se disputaba cerca del círculo central. Al acercarme más, noté que el señor escuchaba un aparato de radio, del que emergían sonidos que parecían ser una narración de evento deportivo. Por la hora, pensé en que, posiblemente, Santos Laguna había anotado un gol. Me acerqué un poco más y le pregunté:

—¿Qué, compa? ¿Cómo van?

El señor, jubiloso me respondió:

—Ya se acabó, compa…. ¡GANÓ EL SANTOS!

La noticia que me daba significaba apenas la tercera victoria de Santos Laguna como visitante en torneos de liga. En el torneo 1988-89, primero del conjunto albiverde en el máximo circuito del futbol mexicano, no pudo conseguir victoria alguna en patio ajeno. En el torneo que corría, 1989-90, ya se habían obtenido dos triunfos de visita, ante Puebla y Cobras de Cd. Juárez. Sin embargo, el hacerlo ante el subcampeón vigente, y tras cuatro visitas consecutivas con derrota, hacía lucir reconfortante esa victoria, tanto para el paso del equipo, como para callar bocas de cuanto cruzazulino conocido se tenía, ya que ellos habían vaticinado que sus cementeros propinarían una goliza de época a los de verde y blanco.

Con la alegría, aún mezclada con un poco de escepticismo, continué interrogando al señor:

—¡A toda madre! ¿Cuántos a cuántos?

—¡Tres a dos, compa! Nos iban ganando, ¡pero les dimos la vuelta! De puro gusto, llegando al cantón me voy a echar unas caguamotas.

—Buena idea, compa –respondí–. Deje voy a comprarme unas también. ¡Gracias!

Por la noche, en la transmisión del partido desde el estadio Jalisco, los comentaristas confirmaron el resultado.

Al día siguiente, por la mañana desayunamos leyendo la reseña del partido y, por la tarde, a las seis en punto, nos sentamos frente al televisor de la casa para ver el resumen en DeporTV. Tras la primera hora de programa en la que se habló de otros deportes, llegó el momento esperado cuando, al lado del conductor, José Ramón Fernández, apareció sentado Raúl Orvañanos, para analizar la jornada recién concluida del torneo mexicano.

19900311 Portada

Se proyectó el resumen del encuentro, en el que, como me dijo el señor que se encontraba el día anterior en la Unidad Deportiva, Cruz Azul se fue arriba en el marcador con gol de Luis Flores. Posteriormente, el fino volante uruguayo Luis Heimen empató el marcador; Eugenio Dolmo anotó el gol que le daba a Santos Laguna la ventaja, misma que fue ampliada con anotación de David Solís. En las postrimerías, Cruz Azul descontó con anotación del argentino Walter Fernández para sellar el marcador final.

Tras concluir con los resúmenes de los partidos de la jornada, se proyectaron las tablas de clasificaciones por grupos, general, goleo individual, así como los partidos de la siguiente jornada. De ahí, como cada domingo, se enlazaron a las oficinas de Pronósticos, desde donde Carlos Albert informaba acerca de los resultados del concurso progol de la semana. En aquella ocasión dijo, palabras más, palabras menos, lo siguiente:

“Amigos: aquí está la mascarilla con la quiniela ganadora del Concurso Progol número 591, en la que hubo UN SOLO VISITANTE, que fue el Santos Laguna, que le ganó a Cruz Azul. En esta ocasión hay UN SOLO GANADOR… y, para que vean lo que es tenerle fe a su equipo, ¿de dónde cree que es este ganador? DE TORREÓN. Ese aficionado al Santos se lleva la bolsa garantizada de más de 400 millones de pesos”.

En este caso, se cumplió el slogan de Pronósticos para la Asistencia Pública: “su afición puede hacerlo millonario”. ¡VAYA QUE SI!

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