LA FIESTA ESTÁ VIVA

Por: Rafael Cué*

Articulista invitado

Constantemente hablamos y escribimos sobre la influencia que tiene la tauromaquia como cultura en otras artes. Es para la humanidad un privilegio gozar de la pintura, escultura, poesía, literatura, música, cine, teatro y danza, artes que conectan el alma con el cuerpo, que nos hacen sentir vivos a través de la emoción. Todas estas artes, desde que el hombre se ha expresado, han tenido en el toro una inspiración especial, desde las cuevas de Altamira, pasando por Creta y la mitología griega, la magnífica tauromaquia de Goya, Picasso, Llopis, Flores, Navarrete, Botero, Juárez, hasta los posmodernos Loren, Jazzamoart, Diego Ramos, Antonio Rodríguez, Rafael Sánchez de Icaza, Domingo Zapata y tantos y tantos artistas cuya inspiración se basa en gran parte en la tauromaquia; literatos de la altura de Vargas Llosa, Jorge F. Hernández, pensadores como Francis Wolf y François Zumbiehl, han desarrollado textos y argumentos de amplia cultura, con sustento antropológico, para dejar en claro que el hombre y el toro son inseparables.

La sociedad de hoy se mueve a un ritmo vertiginoso, la tecnología nos ha llevado a la inmediatez, que sin darnos cuenta nos ha arrebatado muchas de las cosas placenteras que tenemos, la principal: disfrutar del tiempo, regalarnos tiempo.

El tiempo, factor fundamental en la lidia del toro bravo. “Los tiempos”: llaman los toreros a espacios y distancias en las que hay que estar con el toro, sin estrictamente darle un muletazo. Torear sin hacerlo. Sentirse uno al otro, como la mirada de dos enamorados que dudan en besarse pero que saben que algo va a pasar, así es el toreo, intenciones que se miden, el poder contra la inteligencia y el valor, basado en el profundo amor y respeto por el toro.

Tauro es una nueva publicación trimestral que ha dedicado tiempo a ser, a nacer e irrumpir en un mundo donde el papel se ve amenazado por la era digital. Apostar por la impresión de lujo para que el lector vea, toque y sienta, más allá de un “tweet” o una imagen de Instagram, es un gesto interesante.

La inmediatez digital obliga a las publicaciones impresas a ir más al fondo de las cosas, a lo atemporal. Lejos del contenido taurino en plaza, esta deliciosa publicación está basada en una estructura editorial dividida en secciones como campo bravo, mundo ecuestre, arte, historia, gourmet y moda, así como artículos de fondo sobre actualidad taurina y ecología.

Tauro muestra cómo vive el toro, también sus cuidados en casas ganaderas centenarias, como Piedras Negras, que en el número dos recibe un merecido homenaje por celebrar sus 150 años de fundación.

Al toreo no hay que defenderlo, hay que enseñarlo, compartirlo y enriquecerlo. Esta cultura posee tal peso en el arraigo de más de 450 años en nuestro país, tal riqueza cultural, colorido y belleza, que se defiende sola.

Tauro es una publicación cuya potencia visual va de la mano del lente de uno de los mejores fotógrafos taurinos del mundo: Joaquín Arjona, dándole una explosión de color, luz y vida a momentos captados en el campo bravo, donde se gesta la bravura y conviven miles de especies bajo la guardia del toro.

Las plumas participantes son de probado prestigio, trayectoria y pasión por la tauromaquia. La cultura se lee en papel, se siente en las manos y se disfruta con tiempo.

Terminada la Temporada Grande hay un lapso para reflexionar y abrir los sentidos a nuevas experiencias; viene Texcoco, Aguascalientes, Sevilla, y el año taurino continúa, mientras tanto un remanso de paz y placer para disfrutar de Tauro, edición trimestral. Encuéntrela en: tauromagazine.com y Amazon.

Lo invito también a ver un análisis de la tauromaquia bajo la perspectiva cultural y de negocio, en el programa Tiempo de Toros, por El Financiero Bloomberg, ahora en sus nuevos horarios: sábados a las 5 de la tarde, y domingos a las 8 de la noche.

Twitter: @rafaelcue

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.