LA FIESTA ESTÁ VIVA
Por: Rafael Cué*
El domingo 3 de mayo, en la Monumental de Aguascalientes, en la octava corrida de la Feria Nacional de San Marcos, uno de los decanos de la ganadería brava mexicana, don Fernando de la Mora Ovando, dio cátedra de lo que implica ser ganadero de toros de lidia.
El hombre ha dedicado su vida entera a la crianza del toro; ha estado en lo más alto y ha estado también fuera de las ferias. Su ganadería, hoy Tequisquiapan de Fernando de la Mora, es una amalgama de encastes: un toro muy especial, criado para el triunfo, lo que no es lo mismo que un toro fácil ni mansurrón.
De carácter fuerte, ranchero de cepa, don Fernando es admirado por sus colegas gracias a su capacidad ganadera; es un alquimista de los encastes y la bravura. El domingo en Aguascalientes se lidiaron tres estupendos toros de su casa. Primero, segundo y tercero fueron animales de bravura excepcional en distintos matices: toros importantes, toros de triunfo y toros de emoción.
Ante tres cuartos de entrada, vivimos una tarde difícil de olvidar: primero, por el comportamiento del encierro; luego, por el alto nivel de los toreros. Daniel Luque, El Payo y Diego Sánchez llevaron el toreo a un nivel emocional y artístico formidable.
Primero de la tarde. Un toro en toda la extensión de la palabra: serio, musculoso, con un par de pitones que imponían respeto, blancos y astifinos. El sevillano supo desde la salida del toro que era un animal para echar la moneda al aire. Sus primeras embestidas fueron poderosas, francas, con agresividad, lo que de inmediato cautivó la atención del público. Luque brindó al toro el trato más valiente que se le puede ofrecer a un animal verdaderamente bravo: la suavidad, el temple, el hacerle las cosas despacio. De esta forma fue construyendo el diálogo con “Santander”.
El toro siempre quiso embestir; al inicio de su lidia lo hizo con el poder total de la bravura instintiva que deberá, en los términos y conceptos actuales, transformarse en fijeza, recorrido, nobleza y humillación durante toda la embestida, sin perder nunca el poder al hacerlo.
En el diálogo inicial, la emoción brotó a través del peligro de sentir en el tendido que en el ruedo algo estaba pasando y que algo más grande podría suceder. Así fue. El toro se entregó a la dulzura y al mando de la muleta sevillana: la colocación exacta del cuerpo firme en la arena, con los riñones encajados, la barba en el pecho y la soltura de brazos y excelsas muñecas. Al inicio de una tanda por la derecha, “Santander” se entregó a su bravura y a la propuesta artística de Luque. Embistió con categoría, humillando y colocando la cara, exigiendo perfección en los tiempos, alturas y ritmos. Por ambos lados la faena alcanzó grandes momentos; el último tiempo de cada muletazo fue soberbio, con el toro empujando abajo para alcanzar los vuelos que le hechizaron. Estocada y oreja, que eran dos de obligación, y premio al toro en el arrastre, que tampoco se concedió.
El Payo brindó una gran tarde de toros. Fiel a su concepto, toreó con la cintura, con su inigualable estética y profunda belleza. Conoce a la perfección este hierro y con sus dos toros estuvo en figura. Con el segundo de la tarde deletreó el toreo por ambos lados, enroscándose al toro en la profundidad de su tauromaquia. La espada le emborronó la oreja. Con el quinto se arrimó de verdad, poniendo al público de pie, sin perder la belleza ni el ritmo de su toreo. Oreja no concedida; todavía no entiendo por qué.
Diego Sánchez tuvo en el tercero el toro de ensueño. Siempre dispuesto el de Aguascalientes, hizo gala de su temple y ritmo al torear: desde el recibo capotero en lances lentos y suaves hasta las tandas de derechazos y naturales largos y sentidos, muy a la mexicana. Toro de triunfo grande al que le cortó solo una oreja por dos pinchazos previos a la estocada.
Mención especial merecen también el cuarto toro de Pozo Hondo del viernes, al que Juan Pablo Sánchez le cortó dos orejas de ley, así como el cuarto toro del sábado de Los Encinos, con el que Armillita IV no consiguió el triunfo grande que las estupendas condiciones del animal ofrecieron.
Este fin de semana termina la FNSM. Vie. 8: Calita, Flores y Víctor Hernández, 6 de Corlomé. Sáb. 9: Ferrera, De Miranda, Fonseca y Bruno Aloi con 4 de Santa Inés y 4 de Campo Real. Dom. 10: Rejoneo para Gamero, Hermoso de Mendoza y Fauro Aloi, 6 de Marrón.
X (antes Twitter): @rafaelcue
*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.
