Loco es un apodo común en Sudamérica, y se aplica al verdadero loco o a tipos que obviamente no lo son, pero rompen con los comportamientos habituales. Washington Sebastián Abreu (Minas, Uruguay, 1976) admitió el mote porque su capacidad rematadora de 9 natural parecía desenfadada e imprevisible, la de un loco en el eje del ataque. Alto, flaco, correoso, no daba el tipo de goleador. Su físico parecía inadecuado para lo que hizo: era hábil, driblaba en la carrera (no partiendo de cero), cabeceaba, disparaba con ambos pies, anticipaba remates, la empujaba porque la empujaba, llegara como llegara. Alcanzó la gloria en el Mundial de Sudáfrica con un alucinante penal al estilo de Panenka, el definitivo para que Uruguay pasara a semifinales y el paisito estallara de alegría. Fue un trashumante total, un cosmopolita de las canchas, pues jugó en casi cuarenta equipos y anotó más de 400 goles que en general no evidencian un estilo, sino una miscelánea en definiciones que lo mismo exhibió toques sutiles en globito que cañonazos despiadados a la red. De su etapa mexicana es inolvidable la temporada 2002-2003 con Cruz Azul: jugó 43 partidos y anotó 37 tantos, casi uno por juego. Una locura.

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