LA FIESTA ESTÁ VIVA

Por: Rafael Cué*

Articulista invitado

Sin duda la plaza que da y quita es La México, la Monumental en sus 76 años ha marcado siempre el rumbo de toreros y ganaderos. Quien triunfa en su ruedo, tiene la posibilidad de que se abran las puertas de plazas y ferias en provincia, luego tendrá que triunfar con todos los toros, todas las tardes si pretende encumbrarse.

La tauromaquia como espectáculo comienza a responder a las necesidades y exigencias de un público nuevo, al que debemos atraer y mostrarle el espectáculo en plenitud para que se enamore y enganche para el resto de su vida con la belleza, profundidad y valores de esta cultura centenaria.

Nos hemos convertido en una sociedad cursi, sin fondo, de “selfie” y aparentar con un “like” como quisiéramos que fuera la vida. Hablo en plural, pero debo admitir que soy el primero en añorar otros tiempos donde el celular era un teléfono y no una oficina móvil o una ventana al mundo.

La empresa de la Plaza México ha apostado por ofrecer tras más de 30 años de no haberlas, corridas de toros en primavera, con clima soleado como el del domingo pasado, con luminosidad que despierta aún más el colorido y fuerza visual de un festejo taurino, aunado al horario de verano que en lo personal me encanta.

El domingo gozamos de una corrida de toros en plenitud, cinqueños criados en tierras zacatecanas del hierro de Pozohondo para tres toreros mexicanos de probada capacidad: Ernesto Javier “Calita”, Arturo Saldívar y Miguel Aguilar.

El encierro cumplió sobradamente en presentación, honrando el encaste Llaguno del que esta casa ganadera es heredera directa. Toros con el cuajo que da la edad, con los kilos naturales que puede cargar un toro sin exagerar en los cebaderos lo que obliga, si el toro tiene condiciones, a que embista y se mueva.

En tiempos de absoluta accesibilidad en la información taurina, estamos en México a tiempo de respetar las hechuras del toro encaste Llaguno. Morfología y cualidades en la embestida, ritmo en las patas, humillación con los belfos rozando la arena y la despaciosidad que han hecho a este toro único en el mundo taurino, como ejemplo los seis de Pozohondo. No dejemos que la influencia visual de las corridas hispanas que gozamos por televisión, nos lleven a sacar al toro mexicano de hechuras y concepto.

Del encierro hubo dos toros buenos, uno de ellos superior: el cuarto. El resto tuvo virtudes y defectos.

“El Calita” tuvo en su primero uno de los toros de menores opciones, que poco decía con su embestida y poco llegaba a los tendidos. El premio gordo llegó en el cuarto. Un toro cuajado, de imponente trapío y de una arrogancia que honra la bravura. A la muleta el toro llegó con ritmo en la embestida, echando la cara abajo y embistiendo con mucho arte. A lo cual, “El Calita” planteó una faena de muleta baja, por momentos logrando el completo acoplamiento y el olé profundo de los asistentes. Emoción y belleza, bravura y temple. Tras espadazo y fallo con el descabello, una estocada más y el toro con muerte de bravo puso a la gente en pie llevándose tremenda ovación, lo que hizo que parte del público se le volteara al “Calita” con lo que no estoy de acuerdo en lo absoluto. Toro de triunfo grande.

Arturo Saldívar lidió al otro buen toro, el segundo y con él estuvo firme, templado y pasándoselo muy cerca, emocionando al público y aprovechando las cualidades del buen toro de Pozohondo. Torea con verdad, se coloca donde embisten los toros y les exige con la mano baja creando belleza y emoción. Estocada y oreja de valía a un torero que el sistema no termina por hacerle justicia. Su segundo se dejó, aunque el viento entorpeció el poder templar a un animal que soltaba mucho la cabeza y quedamos con ganas de ver qué hubiese pasado si Eolo no hubiese estado presente.

Miguel Aguilar es, si los toros le embisten, un torero importante con potencial de figura. Conecta con la gente, tiene valor, un gran concepto y está entregado al toreo. Su lote fue el menos virtuoso, sin embargo, en ambos toros estuvo dispuesto, entregado y rebasando la línea que pocos rebasan.

Al final de la faena del sexto toro, el viento imposibilitaba el buen toreo. Miguel se puso la muleta en la espalda para torear por bernardinas, el viento le descubrió y sufrió espeluznante voltereta, golpeando con la cabeza en la arena y quedando conmocionado e inmóvil. Drama, verdad y muerte. Tras angustiantes minutos volvió en sí y, sin verse la ropa, con torería y gallardía volvió al toro para dejar estocada entera, un descabello y tras petición de oreja, una vez más el juez de plaza, el señor Braun, demostró nula sensibilidad, capacidad y respeto negando una oreja. Es urgente renovar el palco de la plaza más importante de América.

Próximo domingo, 4.30 de la tarde, toros de Santa Fe del Campo para José Mauricio, Luis David y Diego San Román. Abarrotemos los tendidos, gocemos del clima y de la Fiesta más culta.

Twitter: @rafaelcue

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.