Screwball

Por: Aarón Arguijo

Articulista invitado

“Si allá arriba hay beisbol, allá le pagaré”.

Horacio Piña

Con esa pintoresca y prometedora frase, remató una entrevista Horacio “El Ejote” Piña, el pelotero emblema de la Comarca Lagunera y un histórico de la pelota mexicana, al ser el primer ser humano nacido dentro de nuestras fronteras, que logró tocar el cielo con las manos al coronarse campeón de la Serie Mundial de 1973, vistiendo la camisola de los Atléticos de Oakland. Dicha entrevista la realizó el buen Francisco Ontiveros, en los tiempos en que compartíamos espacio televisivo, lo insté a ir a Matamoros, a la propia casa del “Ejote”. “Es a todo dar”, le advertí. Al regresar a la redacción, no lo quedó otra más que reafirmar tal aseveración.

El “don de gente” que tiene Horacio, es tan grande como su calidad de histórico en la pelota mexicana, una persona con la sonrisa a flor de piel y con muchas ganas de “devorarse” la vida, tanta que contagia a su interlocutor. Por estos días se ha presentado una biografía del “Hijo Pródigo” de Matamoros, Coahuila; un libro editado por una editorial de corte político de izquierda, pero lo que se rescata es que se trata de una nueva pieza de literatura beisbolera, de esa que hace tanta falta y por lo mismo, se atesora.

Con el título de esta columna, quiero resaltar lo afortunados que somos en la Comarca Lagunera, una tierra pródiga en gente de bien y que recibe con brazos abiertos a los foráneos, quienes pronto se sienten como en casa. Afortunados somos al tener viviendo en esta región a dos poseedores de anillos de Serie Mundial, dos lanzadores mexicanos que hicieron historia y que ún hoy se siguen saludando y departiendo en torno al Deporte Rey, pero sobre todo, a su gran amistad: el propio “Ejote” Piña y Enrique “Huevito” Romo.

Ambos campeones de la máxima competición beisbolera del planeta, son visitantes habituales a los campos de beisbol de nuestra región, esos recintos tan descuidados por las autoridades, pero de los que siguen saliendo muchachos con muchas cualidades en el Rey de los Deportes, las pruebas las hemos documentado en este diario, informando de los jóvenes que son firmados por organizaciones del beisbol profesional. Horacio y Enrique son dos ejemplos de peloteros que comenzaron en los campos más humildes, jugando por mera diversión y curiosidad, sin imaginar que un día iban a convertirse en peloteros profesionales, mucho menos en que llegarían al olimpo de las Ligas Mayores y a convertirse en inmortales del Salón de la Fama.

La Laguna es una de las poquísimas regiones de México, que pueden preciarse de tener a dos campeones de la Serie Mundial. Cierto es que Romo nació en Santa Rosalía, Baja California Norte, pero desde hace más de 20 años ha asentado su residencia en Torreón, por lo que ya es un ciudadano más de esta noble región. Hemos de sentirnos orgullosos por tener la oportunidad de convivir diariamente con dos campeones de la Serie Mundial, más aún, dos personas de Ligas Mayores, siempre abiertos al diálogo y a compartir un consejo y una bebida bien fría. Que tengan un excelente fin de semana y recuerden disfrutar la vida, hasta que caiga el out 27.

Correo electrónico: aarguijo@elsiglodetorreon.com.mx