AL LARGUERO

Por: Alejandro Tovar Medina

Ahora mismo, con el Omicrón en la pantalla y en la mente, la consigna del hombre actual es estar preparado y en espera de lo inesperado, porque uno habita lo que lee y escribe lo que no merece olvido, porque ya somos como un radar, que todo lo ve, que todo lo escucha. ¿Será por ello que vamos a la cama y la dejamos en la mañana con dolor de cabeza?. Tal vez porque ya quieren salir los monstruos que nos habitan y jamás aprendimos a vender humo.

Dicen que hay quienes gustan de asistir a su propio funeral y de algún modo por la tv, vimos el de Santos Laguna, que dejó ver su honestidad, su despliegue físico y sus ansias cobijados por la esperanza, quizá el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre. Nada qué reprochar para Almada y su tropa. Tigres presentó mejores argumentos individuales y en el futbol no hay nada fantástico, solo existe lo real. Santos careció de un ataque resolutivo como todo el año.

En ese proceso de análisis, estudio y planificación deberán terminar las becas de extranjeros y darle a su DT un plantel con mayor profundidad, además de rezar porque Lozano se recupere. Pronto sabremos si la política de vender a sus mejores jugadores continúa, porque debe suponerse que para aspirar a la cima, lo ideal es mantener la base y agregarle varias figuras.

El torneo corto de pronto nos muestra que se apela a un libro de excusas, porque no hay muchos protagonistas valientes, comprometidos con la sociedad de su tiempo. Por ello escuchamos que Aguirre habla de tener “un plantel corto” cuando tal vez no conoce la nómina de sus Rayados y eso representa un insulto para su gente que se integra al balance de la agonía. 

Solari se dice dolido pero celebra que siempre estuvieron arriba, mientras Lillini y sus Pumas resucitan con Alan Mozo yendo y viniendo por derecha como si el premio fuera Demi Rose, con un grupo de gladiadores que intentan devorarse la pelota, pese a que es una sola para todos. Larcamón no se queja ni mira futuro, solo palpita con una franja que ha repartido vergüenza.

Herrera estaba angustiado y lo salvó el golazo de Salcedo. Ahora aspira a galopar entre la niebla. Porque el hombre débil se vuelve fuerte cuando no tiene nada, porque solo entonces puede sentir la locura de la desesperación, como Diego Cocca, Almada y Holan, que parecen a punto del infarto y miran la vida cautivos en futbol, ese gran escenario de muy distintas realidades. 

Porque si el futbol es un mundo en sí mismo, su difusión y la variedad de medios nos deja conocer el corazón de todos sus protagonistas. Desde jugadores, árbitros, púbico y comentaristas, porque su sola aparición en él, cada uno en lo suyo, denuncia a todos su carácter, porque la acción es un riesgo y la percepción ha progresado en este complejo destino, inventor de pesadillas.

Vemos que la tecnología está tratando de apoderarse del juego, que la especulación periodística trata de animar un ambiente de dudas, lo que obliga a sobrevivir con imaginación cuando con Omicrón, miedos, dudas y enojos, hoy en día el mundo real es mucho más pequeño que el mundo que la propia imaginación crea.

Articulista invitado

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