LA FIESTA ESTÁ VIVA

Por: Rafael Cué*

Articulista invitado

No cabe duda que vivimos tiempos complejos, el mundo está de cabeza, la humanidad parece hacer gala del desprecio a la naturaleza y a los valores fundamentales para la posible convivencia entre los seres humanos. El planeta no deja de enviarnos mensajes, la soberbia y estupidez de los “líderes” nos aleja de la cordura y el sentido común.

La plaza de toros Santa María de Querétaro es un ícono de la ciudad, eso no lo pueden rebatir ni siquiera los “antis”, que basan sus argumentos de lucha en mentiras mil veces repetidas. Inaugurada en 1963, es consecuencia de la necesidad de una ciudad por contar con un recinto taurino tras la demolición un año antes de la Plaza de Toros Colón por instrucción del gobernador en aquel entonces. No pasó ni un año para que Querétaro contara con una nueva plaza de toros, mejorada, aún más bella y con mayor capacidad para espectadores.

La globalización ha arrancado a los países que no están orgullosos de sus raíces y tradiciones la esencia de ser quienes son. México no puede correr este peligro. Durante la conquista hace ya cinco siglos se erigieron catedrales sobre pirámides, acto atroz, contundente para dinamitar el ánimo y el espíritu de las culturas indígenas, sin embargo, y no es justificación, los templos indígenas no fueron destruidos, para muestra el Templo Mayor en el Centro de la Ciudad de México, orgullo de la ciudad, del país y de nuestra cultura, que no es otra más que la fusión de dos culturas: la española y la indígena, orgullo de todos. La conservación y convivencia de pirámides e iglesias es el más claro y rotundo testimonio de nuestro origen como pueblo, la Península de Yucatán cuenta con cientos de ejemplos donde las celebraciones populares se gozan y viven entre pirámides, iglesias y plazas de toros artesanales.

Lo que se pretende hacer en Querétaro con su hermosa plaza de toros Santa María es la extinción de una cultura mexicana irrefutable, como es la tauromaquia; es lapidar bajo el consumismo norteamericano nuestras tradiciones e íconos urbanos. ¿Quién debe defenderla? ¿Los herederos del inmueble? ¿Los toreros? ¿Los ganaderos? ¿El gobierno? ¿La sociedad?

Los primeros han declarado abiertamente que no les importa traicionar a sus antecesores, su abuelo y su padre dieron y defendieron con la vida a la tauromaquia, los hijos sólo quieren el dinero. No los juzgo, ojo, la cifra de casi 300 millones de pesos no es poca cosa, pero ¿cuánto vale el honor de un apellido? ¿Cuánto valen nuestras tradiciones? ¿Cuánto vale Querétaro?

¿Gobierno y sociedad permitirán que Querétaro se convierta en una ciudad cualquiera, en Oklahoma? Sin sentido urbano, sin historia, sin orgullo, pero eso sí, con inmensos centros comerciales y supermercados, fast food: pizza, hamburguesas y sushi.

El argumento histórico acerca de las obras maestras taurinas que se han llevado a cabo en el ruedo de la Santa María es solamente el cimiento de un futuro esperanzador para que este legado artístico y cultural siga ofreciendo grandes momentos en la vida de los queretanos. El estado cuenta con 33 ganaderías de toros bravos; cuenta con matadores de toros consumados, como Octavio García “El Payo”; toreros con capacidad y potencial si se aprovechan con sentido taurino, como Juan Pablo Llaguno; novilleros de dinastía con inmensas posibilidades de convertirse en Figuras, como Juan Querencia o Juan Pedro Llaguno; otros noveles como Andrés García, Emiliano Osornio, Luis Rodrigo Nieto y muchos otros novilleros que son el presente para gozar en el futuro de la tauromaquia queretana; a caballo Tarik Othón y Santiago Zendejas son rejoneadores queretanos de alto nivel, buenos jinetes y buenos toreros.

Querétaro tiene todo taurinamente hablando, la gente es la que debe poner más presión, la sociedad es la que se está viendo vejada de su cultura y de un ícono en su ciudad.

No podemos permitir que sobre nuestras tradiciones se construya la frialdad del consumismo, de empresas que asfixian al pequeño proveedor, quebradoras de empresas familiares, agricultores, pequeños productores que bajo las condiciones de estas multinacionales son asfixiados con tiempos y condiciones que sólo sirven para que brillen sus resultados anuales.

El equilibrio en la vida es fundamental. De esta crisis quizá todos podemos ganar. Que los herederos pese a vender el sueño y orgullo de abuelo y padre puedan capitalizar su herencia. Ese espacio puede aportar a la ciudad, no lapidar. Si hay voluntad de todos, dueños, sociedad, gobierno e inversionistas, se puede hacer algo, de otra manera estamos entregando lo que somos.

Twitter: @rafaelcue

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.