AL LARGUERO
Por: Alejandro Tovar Medina
Articulista invitado
Grábeselo y comente con sus amigos, porque en la TV nadie se lo va a decir. Se llamaba Quirino Fidelino Mendoza y Cortés (1862-1957). Nació en Tulyehualco, Alcaldía Xochimilco, México. Su padre, músico de profesión le enseñó a tocar guitarra, piano, flauta y violín. Era el oficial de la iglesia del barrio, pero se ganaba la vida como maestro de primaria. Componía en forma diversa, polkas, valses, corridos y canciones religiosas, hasta que un domingo en el pueblo, muy joven aún, el Profr. Quirino ubicó a una dama con su familia que hacían las compras. Quedó prendado de ella.
La mujer, morena hermosa de pelo largo, tenía un lunar junto a la boca, se llamaba Catalina Martínez. El maestro Quirino le compuso la canción que en estos tiempos cantamos todos (Cielito lindo). “Ese lunar que tienes Cielito Lindo, junto a la boca. No se lo des a nadie, Cielito Lindo, que a mí me toca”. Fragmentos inolvidables como “Cuándo será domingo, Cielito Lindo, para volver”. Quirino se casó con ella, desde luego, y la canción ha recorrido el mundo y sigue vigente.
Aunque es un tono de amor, lleva también un dejo, un aire de pesadumbre y melancolía, porque está claro que todos tenemos en algún cajón, secretos escondidos de amores perdidos o de aventuras inolvidables. Quirino hizo una canción de amor y terminó inmortal, por eso choca que la gente cante como un segundo himno y pocos sepan de su origen, por ignorancia o por indiferencia.
Quirino Mendoza ganó la medalla Manuel Altamirano por más de 50 años en la docencia, compuso un himno al Rey Alfonso XII de España, quien lo recibió con honores en el palacio real en Madrid en octubre de 1919. El humilde maestro al que hoy festejan los mexicanos con sus canciones, que lo hicieron inmortal como goles que atraviesan el tiempo y dan un paso a la gloria eternizante.
En el futbol, lo vemos, el negocio avanza al galope. Los señores de Santos Laguna hablan de un nuevo edificio en construcción y de paso, expertos en el modelo de venta a otros clubes, envían a Jordan a Chivas, seguramente que no a cambio de corcholatas, tortas ahogadas o dulces del Mercado de San Juan de Dios. Volvemos pues al laboratorio y escenario de amistosa incertidumbre.
Todos quisiéramos vivir en el México que nos pintan Doña Claudia y su grupo de la 4T, donde todo es como un mundo que expande su luz a la medida de sus leyendas, donde hay otras marcas, otros indicios, donde toda problemática se resuelve, donde se palpa un pasado que no parece debidamente cancelado, donde hay miles de desaparecidos de los que no parece haber huella.
Una pelota puede enloquecer a todo un país, y lo ha ido logrando y, aunque muchos sostienen que es el último bastión del masculinismo más extremo, lo cierto es que el futbol es como un monstruo que da emociones, que a su vez organizan neurosis y pesadillas, porque el futbol es la religión más seguida de la tierra, y a veces nos sentimos parte de partidos que no jugamos.
Los medios quieren dar la imagen de un México alegre y futbolero, por más que la realidad sea otra, porque estamos cercados por inseguridad, impunidad y corrupción. No podemos huir en los caballos alados de la mitología, ni mirar sonriendo a la esperanza con solo levantar la persiana. Somos mendigos de la vida mejor con un mes del gran futbol. Bebamos esa Cicuta de belleza mientras cantamos juntos el “Cielito Lindo” de Quirino Mendoza, inmortal artesano del amor.
X (Antes Twitter): @Tovar1TV
