Ney Blanco de Oliveira en la Corte del Rey

Charlas con Héctor Huerta

Capítulo IX: “Lula”, el patriarca del Rey

HÉCTOR: Qué cosas… “Lula”, tan pocas letras de un mote corto y tan abundante y rico historial. Quizá ningún entrenador en el mundo posea un currículum tan exitoso. ¿O no es así, Ney?


NEY: Efectivamente, Héctor. Mira: vamos regresando en el túnel del tiempo para recordar que soy el más antiguo de la Corte. En las fuerzas inferiores logré mi primer título en 1946, con “Lula” de entrenador. Cuando debuté en primera división “Lula” todavía no era el entrenador del Santos, sino que seguía en las fuerzas inferiores de la institución. Mientras yo debutaba en primera, él seguía ganando títulos con los infantiles y juveniles  del Santos.

Para que nos demos una idea de la importancia de “Lula”, alguien me dijo un día que si se hubiese preparado más en las aulas, y si tuviera un título universitario, habría llegado fácilmente a la presidencia de la República Brasileña.

Alto, obeso, con cara de niño bueno, “Lula” tenía entre sus virtudes una vital, que no es característica de los entrenadores actuales: sabía hacer grupos humanos; creaba el espíritu del grupo no sólo con la amistad que entregaba, sino con la protección frente a los directivos, aficionados y medios de comunicación. 

Quizá no fue un genio de la táctica; quizá tampoco fue aquel que todos los días realzaba su trabajo, pero siempre fue el eje central de la Corte. Todos, el Rey incluído, girábamos alrededor de “Lula”.

Creyó en el jugador joven; supo cambiar la Corte de acuerdo a las necesidades del equipo; no permitió intromisión de directivos; cualquier problema de la Corte era resuelto y discutido en el círculo central de la cancha, donde sólo podían estar presentes jugadores e integrantes del cuerpo técnico.

Por lo demás tenía un carácter jovial, un espíritu alegre y en los partidos sacaba recursos de su genio para resolver los problemas del juego.

Si me premiten, voy a contar algunas anécdotas curiosas.

Me viene a la memoria un partido que jugamos en Barcelona, allá en la capital catalana, en el “Nou Camp” para ser más exactos.

Aunque la FIFA ordena que todos los balones tengan el mismo peso y circunferencia, la verdad es que hay pequeñas variantes en los países por los materiales con que se elaboran los balones.

En su clima, el jugador brasileño busca y prefiere los zapatos ligeros, casi zapatillas; los materiales que se usaban en la elaboración de balones brasileños los hacían livianos, muy acordes al peso de los zapatos. No había entonces balones de vinil.

El Santos sufría en sus giras europeas no sólo por el clima (llegábamos terminando el invierno), sino por la diferencia de balones. Nos adaptábamos, pero sufríamos, nos incomodaban esos balones.

Como era uno de los más experimentados, el capitán José Ely de Miranda (“Zito”) negociaba antes de los partidos, con el capitán del otro equipo y con el árbitro, que se jugara medio tiempo con balón europeo y los otros 45 minutos con balón brasileño.

José Ely de Miranda “Zito”

Ese partido contra el Barcelona comenzó siendo una catástrofe: 3-0 en contra el primer tiempo, con dos goles de Kubala y otro de Kocsis. Casi estábamos en la lona con el balón español. De acuerdo al convenio, en el segundo tiempo deberíamos utilizar balón brasileño. Pero ni el árbitro ni el capitán aceptaron cambiar el balón, faltando al pacto previo, aunque protegidos por el reglamento, que no permite el cambio a menos de que el balón con el que inician los juegos esté en malas condiciones.

Eso nos molestó. Pero no había más remedio. “Zito” comunicó a “Lula”, quien comenzó a trabajar aceleradamente su cerebro, mientras nosotros necesitábamos calma en el campo.

Peor se puso todo cuando Luis Suárez anotó el cuarto para Barcelona.

La pesadilla se estaba prolongando más de la cuenta…

(Mañana: Las genialidades de “Lula”).

Twitter: @emaciasm