AL LARGUERO

Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

Esta pandemia en movimiento es un fenómeno que realiza un proceso de cambio en todos, se quiera o no, porque nos urge construir la realidad, obligados por ser parte de una cultura de masas. En el entorno, hay seres que se lo apoderan, cuya fuerza es un mecanismo de control social. Ese que surge en todos los países y sociedades, a veces con violencia o medios coactivos.

Este tipo de crisis hace que aparezca la verdadera personalidad del hombre, ahora con la necesidad de no poder fingir y cada vez con menos margen de maniobra para manipular, lo que hace resaltar sus valores, sobre todo en los medios masivos, donde a falta de investigación y creatividad, muchos supuestos profesionales se aferran al triste recurso de intimidar o especular.

La esencia del control social está constituida por la presión que el grupo ejerce sobre sus componentes, de tal forma que en el futbol, por ejemplo, los dueños del balón deciden con legitimidad sobre su propiedad, solo que tienen que envolver esas decisiones con un fino manipuleo que convenza, aunque no siempre en ese buceo pueden crear personajes a la medida.

Enrique Bonilla y Alejandro Irarragorri son los nombres que resaltan y donde son resaltadas acciones que ellos defienden, en uso de sus libertades y dejando de lado el mar embravecido por las especulaciones del pueblo. Que Cruz Azul debiera ser nombrado campeón al suspender la liga, que desaparece descenso para salvar al Atlas, que es frivolidad dejar a Morelia sin equipo y trasladarlo a Mazatlán, que es insólito e inventado que Santos tenga 15 infectados asintomáticos.

Los medios desde su aparición estuvieron ligados a los aspectos políticos y los asuntos públicos, económicos y sociales. En la crisis, cada cual tiene sus objetivos, algunos conservan su línea tradicional y otros han decaído a falta de ideas, evolución y adaptación a las circunstancias, como las cadenas de tv, donde se provocan la discusión, la especulación, el encono y hasta el insulto.

Los hechos son como la música que fabrica sentimientos, porque somos lo que hacemos, no lo que pensamos o lo que sentimos y cada quien encuentra su color musical porque cada vez se torna más difícil engañar a la gente, porque en nuestro entorno las ideas viajan, las emociones, no y como los goleadores, nos convertimos en gente con la gracia en los últimos metros.

Jacobo Timerman (1923 – 1999) periodista judío-argentino de alto nivel, sostenía que; “Si el hombre del pasado era ignorante porque carecía de noticias, el actual corre el riesgo de serlo, porque le sobran. Sobran las noticias pero falta información, análisis, significado”. Es justo lo que sucede hoy, entre la especulación surge la confusión y aflora claramente el tono tendencioso que no todo mundo detecta y muchos terminan creyendo, en vez de analizar.