LA FIESTA ESTÁ VIVA

Por: Rafael Cué*

Articulista invitado

Las ganaderías de toros bravos en todo el mundo las considero laboratorios de bravura, genética y ecología, así como laboratorios para el toreo. Podría asegurar que el primer contacto con un animal bravo por parte de cualquier torero ha sido en el campo. Profesionales y aficionados hemos sentido por vez primera la inigualable sensación de estar frente a un animal bravo, en alguna ganadería; otra cosa ya es torear, aprender la técnica, dominarla, conocer al toro, sus reacciones e incluso anticiparlas, eso es harina de otro costal, pero la sensación natural de miedo y adrenalina convertida en emoción primitiva, es por lo general experimentada por primera vez en el campo y por lo regular el resultado nunca es artístico.

Torear es muy difícil, es prácticamente un milagro cuando las dos voluntades se fusionan en un ejercicio espiritual y artístico; una cosa es poder pegar pases, pero la consumación de torear implica muchas otras cosas, y como bien dice mi querido amigo Paco Canales: “el toreo es un milagro”.

En el argot taurino, “hacer tapia” significa estar en la plaza de tientas de cualquier ganadería, esperando el turno para intentar pegar algunos muletazos a una vaca después de que haya sido tentada por el matador en turno y después toreada por algún novillero invitado o que acompañe al matador, para luego, antes de que la becerra sea devuelta al campo, permitir a un incipiente novillero ponerse delante.

En otras épocas eran ésos los novilleros que “corrían la legua”, esto quiere decir que emprendían la aventura de irse a torear a los pueblos, sin dinero, con sus avíos al hombro, a buscarse la vida, y cuando se enteraban de algún tentadero, se lanzaban cientos de kilómetros de aventón o caminando hasta la ganadería para “hacer tapia” y soñar el toreo.

Con más de una historia de éxito cuenta el toreo de humildes torerillos que alcanzaron el sueño de convertirse en Figuras, caminando cientos de kilómetros, durmiendo en parques y toreando en las capeas pueblerinas, para una vez que se les presentó la oportunidad, aprovecharla, aferrarse al sueño y no soltarse jamás.

Este romanticismo no sólo estaba en los torerillos, ganaderos y empresarios ponían especial atención y valoraban la vocación de estos hombres curtidos al sol y a la dureza del camino.

Con la aparición de las escuelas taurinas esta forma de intentar ser torero fue desapareciendo, de la mano de la modernidad, con sus pros y contras.

Quiero imaginarme que el tiempo que pasaban los toreros en “la tapia” implicaba soñar despierto, medirse con el matador que estuviese frente a la vaca, y tomar fuerza y valor para en caso de tener la oportunidad, estar mejor que él.

Así estamos actualmente como sociedad, en “la tapia”, esperando, soñando con tener la oportunidad de pisar el ruedo de la vida con total libertad una vez más, sin entender todavía al cien por cien qué es lo que vamos a encontrar una vez que esta pandemia sea un oscuro recuerdo de nuestras vidas.

La incertidumbre en el toreo se manifiesta como el miedo con el que los toreros conviven a diario, del que se alimentan para ser fuertes en cuerpo y alma. Sin la incertidumbre o el miedo, los toreros no serían capaces de torear, este arte no tendría valor si el miedo a la muerte física y artística no fuera el contrapeso a la obra realizada. El deseo de vivir para seguir conviviendo con el miedo, hacerlo tu compañero, aprender de él, respetarlo y externar la fuerza interna que muchas veces no sabemos que tenemos dentro.

Esta crisis es una gran oportunidad para cambiar lo que no nos gusta en todos los ámbitos como sociedad y personas; desde la política, hoy tan demeritada por la incapacidad de los que están al frente, patéticos por su obvia falta de preparación y operación, no por su ideología o partido, sino porque esta crisis ha evidenciado la nula vocación y capacidad de servir; una cosa es ser ideólogos de sistemas que la humanidad ha probado y comprobado fallidos durante la historia, y otra cosa muy distinta es liderar a un país y a una sociedad completa, entendiendo sus diferencias y buscando el bien común, no sólo el de los seguidores.

El actual gobierno estuvo “en la tapia” 18 años, y cuando le dieron la oportunidad de pisar el ruedo no ha logrado pegar un solo muletazo, ha pegado un petardo, brindando la oportunidad a otros de cuando les llegue el turno, lo aprovechen.

Lo mismo para la sociedad, seamos de la ideología que seamos, aprovechemos la oportunidad que la vuelta a la “normalidad” nos ofrecerá.

Twitter: @rafaelcue

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.