AL LARGUERO

Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

El deporte es un patrimonio cultural, propiedad del pueblo, que lo tiene como un bálsamo, como un factor de alegría, como un reporte de ilusión, como un halo de vida nueva, como una permanente aventura, como una exploración a lo desconocido, como un efecto de acción que promete y desconsuela, porque también suela dejar marcas en las pupilas y zurcos en el rostro.

Y los millones de fans ahora, circulamos en sentido contrario a la vida normal, nos fabricamos una existencia paralela, como lo haría cualquier enamorado, o el soldado que reza en la trinchera para que la próxima granada, no lo mate. Y todos nos hacemos, en un segundo, o de Chiefs o de 49’s para olvidarnos enseguida si amábamos antes a Aaron Rodgers o a Derrick Henry.

No, ahora muchos quieren emparejar su carrera (en vida paralela) con Raheem Mostart para indagar de dónde saca semejante zancada de mula para dejar atrás tanta gente y eludirlos con movimientos estilizados, como Luis Procuna en los domingos históricos de la México con María Félix y Agustín Lara en la barrera más cercana o Armillita y su mandil, irradiando todo su arte.

Es como un mundo de fantasmas vivientes, como un escenario soñado que de pronto se presenta y donde muchos quisieran estar inmersos, bien dentro, preguntando tanta cosa a Patrick Mahomes (25) el tejano que no es ni negro ni blanco y celebrar sus pasos famosos en las diagonales. O la emotiva secuencia de estar frente a Garoppolo (29) que espera a Miami para escribir en oro su nombre junto a Montana y Steve Young. Ahí será la cita del ensueño.

Maravilla tecnológica y comidas rápidas, con bebidas más rápidas y cambio de canal, después de pasar horas en el americano. La imagen de Mr. Almada, que todo mundo supone que puede tener un infarto en la cancha uno de estos partidos, a enjuiciar por esa angustia y desacuerdo que muestra, porque tiene la misma rutina mental que lo hace pensar en desgracias y en ser engañado. Siempre seremos lo que hacemos y no lo que pensamos o lo que sentimos y Santos tiene la clave para cambiar las historias, porque Lozano siempre te da un plus, porque Valdés sabe jugar viniendo de atrás y llegando potente al último sector, porque Culebra distrae y enfada zagueros, aunque muestra cada partido que no concluye una. Luego, Ulises y Gorriarán muestran su dinámica y despliegue pero también su imprecisión, mientras Julio vive solo, como titán encadenado.

Dória aparece al fondo como el comandante de la incertidumbre, porque el resto de la zaga es titubeante, sobre todo con Van Rankin y Torres, que no alcanzan a dar el grado y hacen que el gentío trague más rápido la pizza, casi sin masticar, mientras Almada sigue esperando la vuelta de Preciado, que lleva ya un año de vacaciones, sin que haya mostrado lo que decían que era.

Almada ha hecho de Santos un cuadro competente y competitivo, solo deberán estar todos pendientes de que primero, no le vaya a dar un infarto en la cancha al técnico y segundo, rezar porque no se lastima nadie, pues no tiene las refacciones adecuadas y aunque el joven Dante dice que “están completos”. En realidad es éste un proyecto sin zapatos de repuesto.

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