AL LARGUERO

Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

Los famosos torneos cortos, tienen su propio lenguaje expresivo, donde no hay cabida para la rigidez intelectual, donde se busca con ansia el reconocimiento, donde la fuerza y el espíritu son un mecanismo de control, donde las crónicas descubren la llegada de los nuevos héroes de su tiempo, esos seres privilegiados que suelen comentarle al rival que “tengo un alma como la tuya”.

Es la etapa donde la supervivencia es del más apto. Ahora solo es permitida la entrada a la sala principal a aquellos que, cuando las expectativas se disparan, actúan como miembros especiales sin melancolía y saben bien que deben ser trampolín de la nueva felicidad para su pueblo. En estas batallas no brillan los jugadores hijos de la academia, sino los que luchan contra ministros de las sombras, los que instalan en su conciencia el deseo de no hundirse ante todas las adversidades.

Rayados llegó al Victoria con todas las dudas encima y fue esparciendo en el terreno embarrado y ligero su pasión por lo indómito y si el poeta es artesano que crea con palabras, este grupo anestesió las ansias del rival con calidad profesional y ayuda de la inteligencia, con una estupenda puesta en escena de equipo con hechizo que salió de sí mismo y fue otro, gracias a la fantasía.

Cuando Charly Rodríguez atesoró la pelota ante Chicote, le avisó a Pizarro que era su tuno de ejercer su costumbre de crear historias. A la cita justo, levantó la mirada y entendió que Rogelio llegaba como poseído para la foto. Ahí fue la pelota, salvando el manotazo de Hugo y culminó con un frentazo abajo, que entró justo para seguir con la oda divina, música que fabrica sentimientos.

Cuando Funes Mori corría, los viejos fans recordaron a los héroes que han edificado este mito blanquiazul, surgieron los rostros de hombres de gol, se vieron Ernesto Flores, Gato Cuenca, Humaytá, Urdániga, Alacrán Jiménez, JD Castillo, Güero Saldívar, Mario Pérez, Ubirajara, Milton Carlos, Tanque Torres, Abuelo, Suazo, Hermosillo, Franco, De Nigris. Todos llegando en un tropel. Todos esos fantasmas aparecieron juntos, si hasta Gallardo parecía empujado por la sombra de Raúl Chávez y Rubén Romeo Corbo. Charly parecía poseer los chispazos de Lostanau y Pizarro el pique y visión de Huesos Montoya, todos reforzando la voluntad nerviosa. Por momentos Celso parecía tener la fiereza del Ranchero Aguilar y Montes la entereza y cabeza dura de Guaracy.

El domingo en cambio, no se sabía dónde sintonizar la batalla del Azteca, porque unos reincidían en el humor barato, con Campos de bufón estelar pero sin aportarle al juego los detalles técnico, tácticos y de variantes. Enfrente, América era el equipo preferido que les arrancó a los comentaristas gritos de desmesura, como el desborde de un nervioso estado de entusiasmo.

Está claro que cada quien tiene sus luces y sombras, que además el futbol no se puede entender con alma limpia pero también tal vez nos estamos acostumbrando a la inmediatez ya que la paciencia se entrena con tolerancia más amplia pues tiene como socio a la sabiduría. Lo cierto es que la estética siempre dice la verdad y del otro lado de futbol, está la vida.

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