Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

Hace más quien quiere que quien puede y José Díaz Couder entendió el valor de sus tiempos. Tenía el respaldo de IMSS Gómez Palacio y fue hasta la cabecera donde había bonanza económica que se invertía en el futbol, haciendo al Atlante poderoso con Cabinho, Lato y otros astros, con células en otras divisiones. Tenía al equipo ya integrado cuando consiguió la sede para nosotros.

Se auxiliaba con chicos que irradiaban entusiasmo pero que no escondían la calidad de su juego y se pusieron en marcha en la segunda, uniformados en blanco. Y si bien hay jugadores de momentos, aquellos poseían una rara estampa de ganadores por mentalidad y decisión, logrando que la gente escéptica volviera a la cancha para ver otra versión del sueño escondido, con Jainel Ramírez (f) y Pepe actuando como aprendices de mago, con afanes de polifacéticos e ilusiones de infantes. Apostaban por sus sueños y terminaron haciéndolos para todos.

Tenían dos enanos. Lupe Romo, volante tapón, desprovisto de físico deslumbrante pero lleno de inteligencia y ubicuidad. En el hormiguero del medio campo, solía recuperar y pasar lo justo al cerebro del melenudo De la Rosa, de toque privilegiado, que llegó a marcar goles de 40 metros, como aquél que le hizo a Uruapan, cuando Adolfo Ríos despuntaba hacia la fama en el arco.

El otro bajito era Choque Galindo, que se acomodaba para volar por las dos bandas, sonrisa de por medio y toque con ambos perfiles, ideales servicios para Nono Ávalos, rubio fantasma del área o el poder de Lupe Rubio, aunque el show correspondía a Puma Rodríguez, jugador eléctrico, que solo precisaba del toque mágico por De la Rosa para ganar a todos con un pique demoledor. Atrás estaban Juan Cotorra y Manzana González, mastines de tiempo completo custodiando al Café.

36 años después hemos visto jugadores que han pasado como agua por el río. Grandes astros e inolvidables momentos en una historia que continúa su camino, con otros hombres y los colores clásicos, que cambiaron a rayas horizontales con la idea de Salvador Necochea, cuyo mérito es el de haber conseguido la plaza de primera. Y después, todo lo demás, hasta los tiempos que vivimos. El futbol está hecho de nostalgias, sueños, emociones y sucesos, de decenas de futbolistas. Esa misma nostalgia despoja de defectos a los atletas, pues todos los jugadores forjan con la gente un vínculo afectivo, por lo que resulta aventurado señalar nombres para evitar olvidar a algunos. Todos vinieron para aportar lo suyo y siempre en cada etapa vino también su propio neologismo.

En su momento y después de las etapas de sufrimientos, llegó el tiempo de José Muguerza (f) y el Grupo Modelo, que hicieron la gran inversión y aquella gente lagunera, que solo poseía imaginación y vida paralela, que chocaba con la realidad; se encontró con el 22 de diciembre de 1996, para conocer, entre lágrimas lo que es el sabor de la alegría. Esa tarde por fin supimos lo que es el color del triunfo, lo que es sentirse en la élite. Y de ella, nadie se quiera ya bajar. No, nadie.

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