Por: Rafael Cué*

Articulista invitado

La fiesta de los toros es cultura, un modo de ver, entender y afrontar la vida, rodeada de arte, valor, belleza, drama y ecología; abrazar sus valores es vivir en torero. Conjunción del respeto a los mayores, a quien piensa de manera distinta, la sensibilidad a las artes y el profundo amor y admiración por la naturaleza, pero sobre todo por el toro bravo.

Este último concepto a los antitaurinos los confunde, los vuelve locos el pensar que los mayores promotores de la ecología son los ganaderos de toros bravos, que los taurinos somos ecologistas, que amamos al toro —sí, aunque muera en la plaza—, y que podemos vivir respetando a los demás pero defendiendo nuestros derechos naturales y constitucionales de gozar de este arte centenario.

Un ejemplo de esta forma de vivir es hoy evidente con la carrera de un muy buen torero mexicano: José Mauricio, junto con su administración, una nueva empresa taurina, Tauro Espectáculos, cuyo director operativo, Alejandro Peláez, tomó hace poco más de un año las riendas de la carrera de José Mauricio, dándole vida con el simple hecho de demostrarle confianza para que el torero se ilusionase de nuevo y mantuviera la lucha que significa esta profesión.

Matador de toros mexicano, de familia charra y de gran concepto taurino, José Mauricio ha tenido triunfos enormes en la Plaza México; recuerdo un faenón de época a un gran toro de Barralva: “Azucarero”, al que le cortó dos orejas en 2009. En 2012 bordó a “Piamonte”, de La Estancia, fallando con la espada, pero dejando una faena de gran nivel artístico. La Feria de Aguascalientes en 2014 le vio cuajar un toro de De Santiago. Ha estado en carteles de postín, ha tenido que tragar en carteles menos glamorosos, y hasta ha padecido el brutal olvido de empresas, ganaderos, prensa y taurinos. El sistema taurino es un bicho raro, caprichoso y donde no siempre 2+2 suman 4.

La nobleza del toro expresada en la bravura de su embestida, también se refleja en las carreras de los profesionales; cuando todo parece desparecer, aparece un día un toro, una vaca en un tentadero o un favor bien pedido, y las carreras resurgen. Sembrar para cosechar.

Desde que esta nueva dupla se puso a trabajar en su proyecto, José Mauricio ha dado de qué hablar con su capote y muleta, ha venido triunfando en prácticamente todas sus actuaciones, el campo le ha abierto las puertas de nuevo, sirviendo como laboratorio de su toreo y concepto, utilizando la bravura que pasta en nuestras ganaderías.

Se quedó fuera de la Temporada Grande pasada, fue un duro golpe, lo mismo de la inminente Feria de Aguascalientes 2019, pero los tiempos del toro son a veces difíciles de comprender. La entrega que estos dos hombres han demostrado a la tauromaquia, rendirá frutos. Los momentos que a veces son oscuros, son señal de que la luz está por llegar.

Alejandro ha sido un trabajador incansable en la defensa de la tauromaquia, miembro activo, proactivo y sencillo del movimiento Tauromaquia Mexicana, defensor de nuestros derechos y cultura, en foros, redes y estrategias. José Mauricio ha vuelto a torear, por lo que ha vuelto a sentirse vivo, a tener un objetivo que no es otro más que la creación del arte en el ruedo, lo que viene con ello es la consecuencia de lo primero.

Debemos ser justos por quienes entregan vida, alma y corazón a una causa que debe ser compartida y asumida por todos.

Hoy el torero y Tauro Espectáculos están para sumar y enriquecer la Fiesta de los Toros en México. Formemos una estructura taurina aún más fuerte, de mayor solidez y peso en la sociedad.

En José Mauricio siempre ha habido un torero interesante que hoy en día está en plena madurez como artista y como hombre, rodeado de un gran equipo para beneficio de nosotros los aficionados.

Twitter: @rafaelcue

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.

Anuncios