Por: Rafael Cué*

Articulista invitado

Ignacio Garibay, matador de toros mexicano, ejemplo de sacrificio, tenacidad y pasión por una vocación que se le despertó de joven y que ha sido el motor de su vida: ser torero, vivir por y para el toro. Hace algunos meses anunció su campaña de despedida; parecería quizá prematura por su edad, así como por el momento y estado físico y mental en el que se encuentra el hombre, pero echando cuentas, son ya 19 años como matador de toros, una vida ajetreada, única, con la intensidad de quienes miran a los ojos a la muerte y son capaces de convivir con ella cada tarde que se visten de seda y oro.

Cada tarde en esta campaña será única, será la última en esa plaza, donde habrá recuerdos de triunfos, fracasos, gloria y alguna cornada. Cada paseíllo traerá los recuerdos de otros tiempos, no habrá ya la presión de triunfar para conseguir contratos al año siguiente, habrá solamente la ilusión de disfrutar y hacer disfrutar a los miles de seguidores, que durante este tiempo con su capote y muleta ha conquistado por las plazas del mundo taurino.

Aunque todas las tardes serán especiales, la del domingo 18 en la Plaza México es ya sin duda una de las más significativas, no solamente por el peso específico de Insurgentes, sino por la trayectoria de Nacho en ese ruedo donde confirmó su doctorado hace 18 años, un 5 de febrero, de manos del maestro Jorge Gutiérrez, y como testigos Enrique Ponce y Pablo Hermoso de Mendoza, ante toros de Teófilo Gómez.

Hace un par de días vivimos la emoción, por vía del reconocimiento a una trayectoria, acompañada de suave toreo de capote, muletazos despacio, largos, con el sello de la casa, y una sonrisa mágica al rematar las series. Ha gozado Ignacio la tarde como nadie, se le vio siempre augusto, haciendo las cosas con sentimiento, entregándose en cada lance y cada serie de muletazos al ritmo del “olé” único y sentido de la Plaza México, que como reconocimiento, registró una buena entrada, con más de 16 mil espectadores, los cuales pese al puente, buen fin y otras variantes, se dejaron llegar al coso para crear la magia y electricidad única de una plaza de toros.

Alternó Garibay con el galo Sebastián Castella y Diego Silveti, ante seis toros muy bien presentados de la ganadería de La Estancia. El destino y el “toro”—este último siempre agradecido, aunque a veces sus tiempos no concuerdan con los del hombre—, le brindaron en su lote los dos toros más potables del encierro, con ellos Garibay dio muestra de su forma de sentir el toreo, de capa los cuajó, con lances a la verónica muy suaves, durmiendo la poderosa embestida del toro en el primer tercio; meció los brazos y gozó zumbarse a los toros por la cintura una y otra vez. El público que en La México tiene una sensibilidad única, vibró al tiempo en el que la creación de toro y torero llegaban al clímax del lance o muletazo. Una oreja en cada toro, para así salir a hombros por La Puerta Grande en su despedida de la plaza que a todos hace soñar, que a todos ilusiona y que en México es la que da y quita.

Nostalgia y emoción en los tendidos, lágrimas y nudo en la garganta al son de las melancólicas Golondrinas, ante un precioso toro cárdeno.

Su padre, Don Ignacio, como siempre en el callejón, muy torero y elegante, sabiendo estar; su mujer, la presentadora Claudia Quijas, y sus dos hijos, en una barrera gozaron, lloraron y rieron con la emoción de ver al señor de la casa en plenitud, expresando su ser, mostrándose como torero.

Grandes personalidades en el tendido, como José Antonio Meade, de esos políticos valientes que no rehúyen a su afición a los toros; igualmente personajes de los medios, como Pablo Carrillo y señora; además de taurinos muchos, mostrando su respeto y admiración a un torero que se lo ha ganado en el ruedo y en la vida, un hombre educado, derecho y triunfador.

Ignacio Garibay le quedan muchas tardes, no se lo pierda, es un gusto verle oficiar como matador de toros, la última será en la Feria de San Marcos, en Aguascalientes, marco inmejorable; será una fiesta merecida a un hombre que ha basado su vida en los valores de la tauromaquia. Su familia, sus amigos, compañeros y público en general le han brindado en cada tarde lo que él ha forjado como torero.

Enhorabuena, Nacho, mi admiración y deseos para que lo que falta de tu campaña sea aún más exitosa.

 

Twitter: @rafaelcue

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.

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