Por: Rafael Cué*

Articulista invitado

¡Que no se nos vaya! Mi cabeza da mil vueltas, la buena fe y el optimismo claramente no son suficientes; algo está pasando, grave, muy grave, en la Fiesta de Toros en la capital. De primera mano doy fe del profesionalismo, del trabajo y de la pasión que todos y cada uno de los miembros de la nueva empresa ponen cada día, desde hace poco más de un año, en cambiar el rumbo de la imagen y destino de la Plaza México.

Lo que hoy se vive taurinamente hablando en la capital, no es consecuencia de que esta empresa no haga las cosas bien. Habrá fallos, como pasa en cualquier negocio. A favor de Tauroplaza México se han contratado a los mejores toreros de España, Francia, Perú y México, y el toro se ha presentado impecablemente —salvo el petardo ganadero de Fernando de la Mora, el domingo 28 de enero—. Hay publicidad, se invierte constantemente en remozar una plaza que estuvo abandonada en mantenimiento por casi 20 años. Existen la disposición y recursos para seguir trabajando, la gran pregunta es: ¿cómo?

La afición capitalina perdió a dos generaciones de aficionados. Los que fueron llevados por abuelos o padres a los toros, en un punto rompieron ese vínculo ético como aficionados de brindarle a los más jóvenes —niños, de preferencia— la posibilidad de conocer la cultura de la tauromaquia de primera mano, y si a esto le sumamos la pésima comunicación y relación de la empresa anterior con la gente, el daño es muy grave. Hoy lo estamos padeciendo y se necesita hacer algo radical y urgente.

El panorama en provincia es distinto, la Fiesta tiene luz, alegría, un ambiente más festivo (que no significa olvidarnos del rigor), la afición goza de la tauromaquia y muchos jóvenes están siendo cautivados por este espectáculo que no tiene comparación.

La plaza de toros es un reflejo de la forma de vivir de la ciudad, y hoy en la megalópolis la cosa no está fácil. La inseguridad nos genera tensión, el tiempo que se requiere para transportarse genera desgaste y los espectáculos muchas veces son la válvula de escape que tiene la gente.

En una ciudad con más de 20 millones de habitantes, no parecería complicado poder reunir semanalmente a 20 mil aficionados, ya no hablo del llenazo de 44 mil; siendo objetivos, en los 72 años de la Plaza las buenas entradas son siempre con el numerado lleno. El rito y la esencia de la tauromaquia cuentan con la fuerza y poder de cautivar para no pensar en modificarles. Respetar al toro mantendrá la grandeza y esencia de ese bello animal.

Las empresas han abusado en contar con diestros extranjeros, encareciendo papeletas, comprometiendo muchas veces el trapío de los toros, pero sobre todo dejando en segundo plano a la baraja nacional, dicha baraja hoy en día es rica en variedad y calidad.

Enumeraré sólo algunos de los nombres de toreros con los que contamos, sin ningún orden en especial: Jerónimo, Fabián Barba, El Payo, Juan Pablo Sánchez, Sergio Flores, Arturo Saldívar, Joselito Adame, Luis David Adame, Diego Silveti, José Mauricio, Juan Pablo Llaguno, Diego Sánchez, Leo Valadez, Gerardo Adame; estos son sólo algunos nombres con los que las empresas cuentan para restituir la pasión de la afición por nuestros toreros. No quiero excluir a ningún extranjero, pero sin duda creo que hay que revitalizar y basarnos en los nuestros. Nivel y calidad, sobran.

Con todo respeto y buena voluntad para la empresa, yo opino que la Temporada de toros en la capital no debe ser en invierno. Abril, mayo, septiembre y octubre. Si bien la temporada europea está en auge, el que quiera venir vendrá, no es complicado, y el que no quiera, que allá se quede.

Este fin de semana celebraremos los 72 años de la Monumental. Vayamos a los toros, exijamos desde el tendido. Domingo 4: mano a mano entre El Juli y Sergio Flores, con toros de Teófilo Gómez. Lunes 5: Sebastián Castella, Joselito Adame, Andrés Roca Rey y un triunfador que a la hora de estas líneas no era definido, ante toros de Jaral de Peñas. Ambos festejos serán a las 16:30 horas.

¡Que no se nos vaya!

Twitter: @rafaelcue

 

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.

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