AL LARGUERO

Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

El futbol suele ser peligroso cuando se aleja de la realidad, cuando sus dirigentes aprovechan la euforia popular para intentar negocios de mayor riesgo para ensanchar las arcas, no tanto para buscar la mejoría deportiva de sus asociados, que no son pecados que puedan ocultarse en cajones. La FIFA es un gigante con más adherentes que la ONU y ahora lucha contra sus propios demonios.

Mr. Infantino cosecha el auge financiero que le dieron João Havelange (1916-2016), que en 24 años al frente convirtió a la FIFA en un emporio económico de miles de millones de dólares. A su retiro, Joseph Blatter siguió su ejemplo, aunque en su momento fue acusado de fraude. Alguna vez mostró una colección de relojes de alta gama que le regalaban las asociaciones en cada visita.

El terreno de juego, donde solo hay cabida para los artistas del futbol, es el escenario del deseo, de la destreza, de la inteligencia y del músculo, el rectángulo con objetos que van del amor al odio. Con eso Infantino, después del Mundial, fue sacando de su chistera el punto clave del ascenso de FIFA al infinito, con la idea de colocar la gran justa en poder de inversores, como un negocio en ruta, como una mesa de Las Vegas, como el sitio de reunión de la banda de Lucky Luciano (1897-1962). Aunque el mérito grande es de Havelange, él hizo de FIFA un monstruo.

El mundo del futbol no olvida que en 2012 el informe de un fiscal suizo reveló que, durante su mandato, él y su yerno Ricardo Teixeira recibieron 21 millones de libras esterlinas en sobornos, con la concesión de derechos comerciales de la Copa del Mundo; crearon un monopolio con Coca-Cola, Adidas y otras grandes empresas. Al sucederlo Blatter, los fiscales lo acusaron de saber –como secretario del organismo– de todos los movimientos económicos que João realizó. A su vez, el suizo y Michel Platini fueron condenados a 8 años de suspensión de toda actividad en el futbol, además de una multa de 50 mil francos suizos por sobornos y fraudes a FIFA.

Infantino, Para que usted tenga una idea del cielo donde vuela, gana por año 5 millones de dólares pero, claro, su ansiedad y ambición es mucho mayor, su idea de poner al Mundial en manos de empresarios era dejar un gran negocio a los hijos de Al Capone –a veces el depredador no está en presencia, sino en la mente–. Europa rebotó su idea y en América hay algunos que lo apoyan, pues busca la reelección en 2027. Todo es como la luz que pasó la tarde que ya declina.

Mientras en casa, nos repiten que los jugadores –en este caso de Santos Laguna– son portadores de la ilusión del pueblo y, por ello, siempre están en la mira del fusil, aunque tengan que enfrentar lo inesperado como viajes sucesivos, malos arbitrajes, rivales sin ataduras ni frenos por poseer mayores virtudes técnicas, lo que pone amarillo a Mr. Paiva, cuyo equipo solo juega bien en la primera parte y luego se desinfla. Y lo prueba que de cinco, perdió cinco.

Claro que la melancolía nos proporciona un mejor aprecio de los momentos vividos, esos que están siempre presentes y nos pueden instalar en la conciencia la pérdida de los buenos tiempos que no volverán, según se ve. Lo cierto es que los perfumes del ayer siempre viven. Todo parece ser ahora mismo como el reconocer que los muertos pudieran tener virtudes pero, al final del camino, y después de tantas batallas, solo son muertos.

X (Antes Twitter): @Tovar1TV