Carlos Caszely (Santiago de Chile, 1950) fue un goleador indiscutible. Anotó casi 300 tantos, la mayoría con el Colo Colo, equipo más popular de su patria. Si nos pidieran imaginar a un killer de las porterías enemigas, es probable que la complexión que nos parecería menos apta es la de Caszely: era chaparrón, de cuerpo algo cuadrado, como el de Bob Esponja. Además, el pelo crespo y el mostacho denso podían inducirnos a pensar en un trabajador de oficina, no en un artillero del futbol. Caszely, pues, no impresionaba por su facha, pero tenía unas facultades que hasta hoy lo hacen digno de figurar en cualquier lista de cañoneros. Su menú deja ver que clavaba goles de diversa factura, pero su especialidad era llegar driblando hasta la mismísima raya de la meta enemiga. En otras palabras, tenía la obsesión de quitarse a todos los defensores, incluido el portero, y empujar la pelota caminando; marcó incluso un gol maradonesco en el que eludió hasta al árbitro. Dos datos importantes acompañan su biografía. En tiempos de Pinochet, se declaró abiertamente de izquierda, lo cual no es poco decir, y fue el primer expulsado con tarjeta roja en un Mundial, el del 74.

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