LA FIESTA ESTÁ VIVA
Por: Rafael Cué*
No existe en la RAE una definición escrita de esta palabra. La razón, supongo, es que la sevillanía es la percepción de un sentimiento, unas costumbres, unos valores, una educación, el amor por la tradición y una fe profunda en la religión católica, así como el orgullo de poseerla, cosa poco común hoy en sociedades de otras culturas que se diluyen sin identidad en su afán por aparentar ser otra cosa.
Sevilla tiene fechas emblemáticas como ciudad: su Semana Santa, su Feria de Abril, el jueves del Corpus, entre otras. El pasado jueves 4 de junio tuve el enorme privilegio de vivir in situ el día del Corpus, que comienza sobre las 7:30 de la mañana cuando miembros de distintas cofradías locales comienzan a circular a paso veloz por los callejones del centro de la ciudad para dirigirse a la Catedral sevillana. Con sus mejores galas circulan por las aún frescas calles para, en punto de las 8:15 de la mañana, comenzar su procesión por el circuito en el que, sobre las 10:30, sale la custodia con el Corpus, uno de los máximos signos de la fe cristiana. En silencio, con acompañamiento de bandas de música procesional en ciertos tramos, lo que brinda al cortejo una solemnidad emocionante.
Abuelos, hijos y nietos desfilan con el orgullo de pertenecer. Miles de espectadores, entre locales y turistas, disfrutamos de la procesión, respetando y, por momentos, envidiando la humildad con la que celebran y viven sus tradiciones.
Día festivo en la capital hispalense. Al volver el Corpus a la Catedral, los restaurantes se llenan, las familias se reúnen en sus casas y comparten el pan y la sal.
A las 19:30 horas en la Real Maestranza de Sevilla se retomó, tras 16 años, la celebración de la Corrida del Corpus. Lances Maestranza, entre una de las cosas que ha venido a aportar a la gestión sevillana, es recuperar fechas emblemáticas para la tauromaquia y para la ciudad. Volvió por todo lo alto: un cartelazo, Morante de la Puebla, Juan Ortega y Pablo Aguado ante toros de la familia Matilla, que terminaron por ser remendados con dos toros de Garcigrande.
Clima ideal, cálido, sin viento en el ruedo; el dorado albero contrasta con el azul celeste del atardecer andaluz y comienza la corrida, una verdadera puesta en escena de un acto cultural y artístico sin comparación.
Para nuestra buena suerte, vivimos una tarde sensacional. El fervor y la pasión desbordada que Morante ha despertado en adultos y jóvenes es un verdadero caso de estudio social; además, en la Maestranza es una experiencia incomparable. El hombre vive un momento dulce, pletórico, rotundo, casi indescriptible. Torea como sueñan hacerlo los toreros y los aficionados, como desean los ganaderos que traten a sus toros. Casi todos los toros le sirven porque tiene recursos para todo tipo de embestida.
La tauromaquia de Morante ya no debe acotarse a los capítulos de cada faena. Durante la lidia nos ofrece pasajes de toreo actual combinado con toreo antiguo, formas y ritmos, propuestas y ejecuciones de un arte que él consigue realizar con la sencillez de lo bien hecho, de lo natural, de las posturas y cites que surgen de un sentimiento de toreo profundo, íntimo; por eso conecta con todos, con rancios aficionados y jóvenes que han descubierto la tauromaquia y su poder, solo con ver a Morante, sin que haya que explicarles nada. Su toreo se siente, se aprecia, sin necesidad de introducciones escritas ni de historia del toreo ni de justificaciones técnicas del porqué. Solamente si goza, genera felicidad y un estado de plenitud y sonrisa para quien lo vive. Oreja y dos orejas. Ya dicen que si una Puerta del Príncipe, fácil. Pocos toreros en la historia de esta cultura han conseguido la pasión y la belleza que Morante genera últimamente. Eso vale la del Príncipe, la Grande y la de los Cónsules. El toreo es emoción y belleza.
Juan Ortega estuvo enorme con su primero. Torea despacio, reunido, con gran dimensión y elegancia en todo lo que hace. De haber sido certero con la espada a su primero, le hubiera cortado una oreja. Con su segundo no se entendió.
Pablo Aguado, de la misma manera, estuvo sensacional con su primer toro. El toreo Pablo lo expresa con gran naturalidad; parece no pasar fatigas al estar en la cara del toro, sus muñecas mecen los avíos con suavidad, efecto que engancha las embestidas de los toros, los lleva y los guía detrás de la cadera, acompaña con el pecho, no se retuerce, todo es natural, rítmico y acompañado. De la misma manera que Ortega, de haber estado fino con la espada, hubiera cortado una oreja.
La tarde terminó con la apoteósica salida en hombros de Morante, en la que cientos de jóvenes lo izaron y llevaron casi en procesión hasta el hotel Colón, previa salida por la Puerta del Príncipe. Pasión. Felicidad. Admiración. Respeto.
Hoy Sevilla tiene tres artistas de gran impronta estética y taurina. La tauromaquia goza de plena salud por el presente y el promisorio futuro, al ser ya abrazada por la juventud en todo el mundo taurino.
Tres días después, en Madrid, he presenciado la Corrida en Memoriam por Sánchez Mejías con la encerrona de Borja Jiménez. Tarde en la que el 7 reventó el festejo. Su protagonismo y estupidez ya rayan en lo intolerable. Las Ventas de Madrid no es el 7. Estos personajes están en contra del toreo. Su visión se centra en dos cosas: una única colocación ante la cara del toro, y una atroz ceguera para diferenciar un toro débil que hay que cambiar de un toro que resbala por el ímpetu de embestir. Lo único que le sobra a esta maravillosa plaza son cien chuflas que habitan ese tendido, donde hay buenos aficionados rodeados de chuflas inconmensurables.
A Borja se le desfiguró la tarde por distintas razones. Una, la espada: pinchó a los toros con los que estuvo bien. Dos, los corrales: su equipo permitió toros que no deberían haber estado como posibles sobreros. Apostó para ganar con estos seis toros. Ha quedado en tablas. Es buen torero, sin duda alguna. Merece más. Solo que en el toreo todo llega a su tiempo. Esta será, en mi opinión, la mejor lección que el de Espartinas sacará de su encerrona.
X (antes Twitter): @rafaelcue
*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.
