AL LARGUERO
Por: Alejandro Tovar Medina
Articulista invitado
Aunque en estos tiempos sobran los sembradores de esperanzas, la realidad es la que canta con ironía que toda alegría algún día serían solo recuerdos (y es verdad). Claro, cuando se privilegia el negocio en vez de buscar la calidad, cuando se prefiere el esfuerzo al talento, cuando cada partido parece solo una oportunidad de redención, cuando se falla un penal, se reitera el yerro con puerta vacía tirando al poste, cuando se marca tan mal en pelota parada, cuando corres, peleas y te agitas pero no concretas, el culpable no puede ser el técnico. El futbol solo es de los jugadores y, si ellos son de escaso nivel, todo justifica en Santos para ser el peor equipo del torneo. Los números no mienten. Por fortuna no hay descenso pero podemos ver de frente al abismo.
Quizá por ello y tratando de cubrir los huecos del sentimiento, la gente común como nosotros prefiera un baño de nostalgia o un buen esfuerzo de imaginación que sofoque humos de tristeza o revitalice ilusiones, porque después de todo solo somos seres en fuga, exiliados, migrantes, como si los recuerdos integrados a la orden, pudieran ser al menos, el reflejo de un mundo irredento.
Todos conocemos la mirada que contempla esa soledad ajena, sobre todo con gente como la nuestra, que a veces no parece creer que el tiempo ha venido creciendo por sus calles y que nos hemos convertido en parte de un vampirismo afectivo incompatible con la realidad del juego y, tal vez por ello, uno debe meterse al túnel de tiempo creado por fallecidos que ignoran su muerte y siguen jugando y en la cancha de San Isidro que tiene su portón abierto y nos deja pasar a todos.
Esos muchachos nos enseñaron a ver el juego de futbol, a sufrirlo y de cuando en cuando, a disfrutarlo. Siempre tendrán un hueco en el rincón de los recuerdos con un sello de agradecimiento, porque nos enseñaron que en el futbol, no se trata de vencer los miedos, sino de comprenderlos, vivir con ellos, tolerarlos, porque son parte de nuestro destino tan común.
¿Ustedes gustan entrar? Todo es conexión con la imaginación y dejarse llevar por el recuerdo. Dominan las voces de los técnicos. De un lado está Juan Ángel “Pito” Pérez y ya está dejando caer su formación, La única duda es de último momento con Esteban Méndez o Rubén Villalpando en la puerta. En la zaga van Luis “Gato” Gómez, Ramón Romero, Lalo Castro y Macho Cordero; Rodolfo Alvarez, Simón Gómez y Perico Borrego. Adelante van Enrique Yassín, Gerardo Lupercio y Jaime Yassín. En el banco están Raúl Herrera, Luis Vázquez, Aldrete, Caloca Ramírez y claro, Ricardo Luna.
Pero si Laguna luce para este clásico, el Torreón es de lujo, con su DT José Moncebáez Maceda (1918-2009), quien debe decidir si Raúl Navarro o René Vizcaíno en el arco. Luego van Antonio Pazos, Guillermo Correa, Capitán Lima y Heriberto Trigo. Acomodó a tres delanteros a sacrificarse en el medio campo: Genaro Torres, Caica Zamora y Elías Aguilar, porque de repente se reportó un trío muy calificado como Carlos Silvio Fógel, Roberto Aníbal Tarabini y Enzo Gennoni, cracks argentinos.
Juegan con más frescura que de jóvenes, siluetas vestidas con colores vivos, como un relato poliédrico con pérdida de pudor. Ellos no viven el dilema moral nuestro, que se mece en la frontera de la realidad y la ficción, van detrás de la pelota como los niños que alguna vez fueron, como los jóvenes que, animados por la grada de San Isidro, fomentaron una pasión que perdura, esa que tiene una expresión oral y de poesía, esa tristeza que hoy nos va durmiendo y que justamente ahí, cuando cerramos los ojos, sentimos un poco el dolor del corazón.
X (Antes Twitter): @Tovar1TV
