Están listas las finales. Los clubes que producen dieron cuenta de los que compran. Estos equipos cuya organización se basa en una estructura que todos conocemos, y cuya inversión les ha dado dividendos. Y aunque el América y Tigres jugaron la final Sub 20, todos sabemos que muy pocos de estos chamacos tendrán la oportunidad de debutar en la primera división, simple y sencillamente porque esos equipos privilegian el campeonato al desarrollo de los jóvenes, cosa que no está peleada una con la otra, si no pregúntenle al Grupo Pachuca, u ORLEGI.

Es bien sabido y conocido mi repudio al enorme centralismo que existe en este país, de tal suerte que mi favorito y mi querencia estaba con los Tigres, sólo por ser norteños. No sé por qué estos también cementeros se empeñan en ver para abajo a los demás. Un equipo cuyas características es protestar, alegar, etc. Un equipo que en lugar de ganar campeonatos gana en soberbia.

Regresaban a Monterrey muy dolidos e incrédulos de la goleada en el Jalisco y, desde el inicio del partido protestaban por todo; Aquino se la pasó lloriqueando: ¿cómo era posible que un chamaco sin su historia no lo dejara en paz? Gignac, lo mismo, con esos ojos de pistola que te fulminan con la mirada cuando alguien se atreve a desafiarlo. Y así, Quiñones –El Rubio– que de igual manera se la pasa con marrullerías. De Nahuel, ni hablar, ya lo he dicho, es el jugador más corriente que he conocido en mi corta vida viendo futbol. Para colmo, todavía la directiva solicitó la anulación de la tarjeta roja, porque la pelota la había metido al campo la banca del Atlas, seguro que sí, pero Nahuel, con toda la mala leche, la regresa justo cuando venía un contragolpe. ¿Y el jefe? ¿Qué me dicen de la finura de “El Piojo”? No sé cuál es la diferencia de que se meta un piojo en el oído o una ladilla en la entrepierna. Me pongo en los zapatos del árbitro y me digo: ¡Qué difícil es pitarle a un equipo como este!  Sin embargo, ver jugar a Guido Pizarro, del que siempre lo he considerado el mejor medio de contención de la Liga MX, Carioca, Ayala, y qué decir de Dueñas. En fin, Tigres es un mosaico de maravillas, buena y malas. Hasta tipos que se dedican a borrar la marca del tiro penal, como Thauvin, y la mano de Quiñones en el penal del Atlas se da cuando la baja con el pecho y después le roza en la mano.   

Y si, aquí en La Laguna no se quiere a los Tigres, no se les quiere porque siempre las porras fueron un dolor de cabeza. Desde que llegaban había que custodiarlos. Destruían todo a su paso. Nada mas llegar, no se habían cometido agresiones de los laguneros ni mucho menos. Como siempre, el tal Don Rober los quiso defender con el micrófono en la boca. Si, ese Roberto Hernández que se dedicó a ofender a La Laguna y, por consecuencia, a generar siempre un ambiente bastante hostil.  Una porra que sin más ni más vaciaba los OXXO al llegar, y al término del partido se dedicaban a agredir y a destruir lo que a su paso encontraban. En fin, eso es historia, una historia que lo que generó fue el odio hacia este equipo en algunos o muchos laguneros, no todos. 

En fin, todo lo que pasó en el partido sobra gracias a la pendejada de haber alineado a nueve no formados en México. Ni los penales, ni los tres goles del francés cuentan, el resultado oficial será 0-2 por reglamento.

Quiero aprovechar para mandarle un fuerte abrazo a mi querido amigo Ramón Ortiz por la muerte de su apreciable esposa. ¡Échele ganas, Don Ramón! 

Hasta la próxima.