AL LARGUERO

Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

Una foto es un secreto acerca de otro secreto. Uno mira las tomas de hace seis meses, cuando a Cruz Azul le sabía a cartón cuanto comía, culpa de los goles pumas y las compara con las actuales soltando toda su euforia y ratifica que cada foto alberga un mundo de información y también todo un mundo de desconocimiento. Y es bien cierto que cuanto más te cuenta, menos sabes.

Hoy mismo, uno choca con un manejo de medios que desconcierta pero que de tan repetitivo, tiende a ser aceptado y es el que en los micrófonos se marquen preferencias, cuando debiéramos ubicar gente profesionalizada e imparcial pero al tiempo crítico se decantan por sus colores del alma. Así mucha gente se libera. Unos más escriben y opinan pero solo creyendo que no hubo rival meritorio. Si entendiéramos las razones del comportamiento de otros, todo tendría sentido.

Vivien Leigh (1913-1967) era actriz bella entre las bellas. Fue Scarlett O’Hara en la producción del genial David O. Selznick (1902-1965) “Lo que el viento se llevó” la aclamada novela de Margaret Mitchell (1900-1949) que ganó todos los premios en 1939. Vivien murió muy joven de tuberculosis crónica pero fue famosa en los sets por su carácter imparable que chocaba con todos pero era una intérprete maravillosa, que procesaba un demonio maligno dentro de sí: era bipolar.

La fortuna en el futbol también lo es y se asemeja mucho en ocasiones a lo que el filósofo americano Daniel Galeman (1946) nos deja en sus mensajes. “En un sentido muy real todos tenemos dos mentes; una mente que piensa y una mente que siente. Estas dos formas fundamentales de conocimientos, interactúan para construir nuestra vida mental”. Eso somos.

O sea, pensamos y sentimos pero la mayoría somos avasallados por la pasión o el amor y tendemos a desbocarnos, porque está claro que los pensamientos no son honestos pero las emociones, sí. El futbol nos asalta cuando llega al corazón y ubicamos la virtud de lado nuestro, Los pensamientos obsesivos, luego, suelen ser leña que alimenta siempre el fuego de la ira.

Si Cruz Azul está hecho a golpe de talonario, si solo tiene un canterano en Santi Giménez, si Santos tiene en la cancha a Acevedo, Campos, Ronaldo, Muñoz, Aguirre y Ocejo hechos en casa, ese mérito no cuenta tanto si vemos que Cabecita fue traído a México por Santos, que luego lo vendió en millones de dólares a Cementeros como igual hará con los actuales, mexicanos y extranjeros, puesto que es su costumbre. No la de mejorar, sino de hacer dinero y traer retazos, como hizo últimamente con Furch, para traer a Jeraldino, que ha vivido en el limbo.

La vida cotidiana es común cuando la vemos de lejos pero observada de cerca tiene matices inusitados y muchas emociones imperceptibles, la diferencia es en hacer una existencia que salga de uno mismo, igual que Santos Laguna, que si deja fuera su afán de vender y se ocupa en cubrir los huecos, conseguirá todo con el liderazgo de Almada. Hay que entender que en esos 23 años que Cruz Azul no tuvo título, el cuadro lagunero se hizo de él en seis ocasiones.

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