GRITOS DE PASIÓN

  • Conmemorando el Día del Cronista Deportivo 22 de febrero

Por Héctor Larios Proa

Un binomio indisoluble. La aventura del futbol es un viaje en el tiempo tiene punto de partida procedencia, en diferentes tiempos y espacios emerge de forma diversa un país, pueblo o ciudad tienen historia propia. En este largo y lento proceso socio cultural los medios de comunicación han sido un actor fundamental.

Al principio la prensa escrita reportaba de forma escueta en diarios de las grandes ciudades los pasatiempos a inicios de la era industrial y los primeros juegos colegiales en Europa. En América Latina su adopción fue diferente con rasgos parecidos, en México el futbol tuvo otra emergencia, los primeros partidos fueron de equipos representativos de fábricas de mineros ingles en Pachuca, cerveceros alemanes en Orizaba, empresas de textiles en Jalisco, principalmente, comerciantes ingleses en la ciudad de México y comerciantes españoles.

A la izquierda la llegada del Manchester United, después de ganar la Cup Bristol en 1909. A la derecha en el mismo escenario, la afición recibe al Manchestr United, después de ganar la Cup Bristol en 1948.

Una red se fue tejiendo a la velocidad del vapor, porque se trasladaban en trenes de la reciente red ferroviaria nacional. En cada punto del mapa, una iglesia, un parque, un hotel, una cantina llenaban la estampa de la localidad, y a la salida del pueblo un campo de futbol. El futbol fue entretenimiento para unos y para otros una representación social, fidelidad a su empresa o ciudad, sobre esos ejes surgió la afición que se identificó con colores dándoles sentido de pertenencia, la dinámica social se fundó en sentimientos y pasión. No existen razones para ser de un equipo, un verdadero aficionado no dice, le voy a este o aquel equipo, responde soy del …, gran verdad que los modernos estudiosos del mercado buscan en puertas giratorias encontrando respuestas falsas.

La victoria era algo más que un juego. El futbol ganó espacio en los diarios, las crónicas de los partidos lograron insertarse como notas informativas. Encontraron en el juego un atractivo comercial y publicitario.

Al tren le siguieron, los autobuses en las modernas carreteras, después por aire hicieron posibles traslados más rápidos que fortalecieron competencias internacionales, dejando atrás los largos viajes en barco para los primeras Copas del Mundo y Juegos Olímpicos de la era moderna. La masificación del futbol se debe en gran parte a los medios masivos.

Aumentaron los juegos, los estadios y con ello aparecieron las secciones deportivas, el primer diario deportivo en México “La Afición”, le siguieron muchos más que requirieron de plumas que describían el juego, le daban color a la nota y también voces que a través de las ondas hertzianas viajaban a velocidad del sonido para narrar el suceso en directo que hipnotizaba al radioescucha, las voces las reproducía en imágenes mentales, jugadas futbolistas que pronto se convertirían en ídolos. “El uso de la voz en la radio requiere de palabras precisas para cautivar un segundo”, escribió Juan Villoro. Sus narrativas recuperaron simbolismos sociales, pobres frente a ricos, regionalismos frente a frente.

“Juego del Hombre”, frase de Ángel Fernández Rugama,

Voces con lenguaje masculino conquistaron el mercado, hasta le llamaron el “Juego del Hombre”, frase inconfundible de Ángel Fernández Rugama, locutor profesional que conquistó con su estilo original al auditorio de la radio y la televisión. Personaje de fácil palabra, capaz de descifrar un duelo en el cuadrilátero o el ciclismo, en el diamante del béisbol, se encumbró narrando el futbol gracias a su afición por episodios épicos de la historia universal, bautizaba a jugadores con sobrenombres precisos, el “Capitán Furia”, “el hijo del General”, “el confesor”, Superman, Kalimáaaaannnn, y muchos apodos propios de la cultura popular, alargaba las silabas mientras los decibeles alcanzaban la catarsis en su orgasmo: el gol.

Le apodaron Ángelgrito, su fama lo llevó a los salones de baile de pueblos y ciudades para anunciar al grupo o canción de moda, animador nato. Tal fue su impacto que Raúl Velasco, lo incorporó para dar los resultados de futbol en su clásico programa, Siempre en Domingo. Con un look muy “in”, salía a cuadro con pantalones acampanados, camisas de seda multicolor con cuellos largos, luciendo patillas y cabello engomado, zapatos plataforma, un reto de equilibrio. Rompió esquemas acartonados, llegaba brincando y con voz estentórea ponía jicamo a la trasmisión. De estilo único, por todos imitado jamás igualado. Hacía de los partidos aburridos una escenografía teatral.

Fernando Marcos, un erudito del futbol fue jugador del Germania, árbitro y entrenador. Capaz de resumir el partido en cuatro palabras, inolvidable con argumentos para discutir tácticas y estrategias. Fernando Von Rossum, elegancia, emoción y conocimientos conjugaba para enseñarnos el deporte de las tacleadas. El querido doctor Alfonso Morales, su capacidad de observación y análisis acuñó frases cortas que definían el box o la lucha, su mayor virtud escuchar como buen psiquiatra. Son voces y plumas que dejaron huella.

Fernando Von Rossum y Don Nacho Matus Jiménez, recibiendo sus reconocimientos al mérito de la crónica.

Ignacio Matus Jiménez, joven universitario que había jugado en las reservas del América su habilidad para sortear la vida lo llevó de la colonia Guerrero a conocer el mundo, disfrutar Roma, Londres o Paris e ir descubriendo la savia de la vida. Cubrió doce Copas del Mundo, y Juegos Olímpicos, reportero de oficio, amante de la gramática y el buen decir, sus letras describieron sucesos dentro y fuera de la cancha. Nadie pudo imponerle un criterio, ni con “mantenimiento de campo”, respetuoso de la delgada línea entre lo público y lo privado.  Dejó escuela, ganó respeto y se convirtió en Don Nacho.

Todos ellos le dieron otra dimensión al deporte, sin ellos no pudiéramos entender el fenómeno del deporte de masas y hoy la industria del entretenimiento. Fueron testigos de la transformación humana del deportista que abordo de la rueda de la fortuna de la vida, vive entre la pasión, la gloria y el infierno.

A todos ellos gracias mil, por regalarnos su pasión. Felicidades a todos quienes siguen los pasos de estos maestros de la crónica deportiva. “Me quito el sombrero y me pongo de pie”, como hubiera dicho Ángel Fernández y nos despedimos con 4 palabras al estilo de Don Fernando Marcos: “Que viva el Futbol”.