Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

José Antonio Roca se recreaba en sus recuerdos con el grupo de compañeros queridos de Grupo ACIR, la empresa radial mexicana que marcó historia con 200 estaciones, entre propias, rentadas y asociadas en el verano de 1998 para el Mundial de Francia. Era feliz en París y además estaba comentando el futbol, su pasión eterna; tenía motivos para sentirse muy realizado en aquellas transmisiones inolvidables y sus viajes por el maravilloso Metro parisino y los paseos de aquel grupo singular por los Campos Elíseos, entre un torrente de turistas de todo tipo y color.

Tenía especial aprecio por el columnista y el amigo entrañable, Bernardo de la Serna, colombiano radicado en México, que lo rodeaba de preguntas, hasta cuando llegó a las expresiones que a nadie antes había revelado y de las que fuimos testigos en aquellas mesitas con café cargado del Port de Orléans, donde no permitían ni gota de licor (ambos abstemios) y se antojaba la champaña con aquellos quesitos suaves y el panecillo negro o las aceitunas rellenas.

Roca se hizo jugador de futbol en el Necaxa, como volante, pero al llegar al Zacatepec lo pusieron de zaguero. Para ganar un puesto titular tuvo que trabajar mucho su pierna izquierda, para ser el lateral de ese costado y contar con su diestra, lastimada. No solo ganó el sitio, también se incluyó en el cuadro campeón de la selva cañera con Festa, Chato Ortiz, José Vela, Tito Izaguirre, Raúl Cárdenas, Panchito Hernández, Coruco Díaz, Chueco Candia, Turcato, Héctor Ortiz, etc.

José era fino en su trato y en su persona, hablaba correctamente y tenía maneras exquisitas. Contador Público y administrativo de la FMF, como técnico de América charlaba a diario con Don Guillermo Cañedo –su presidente y líder del Zacatepec de los cincuenta, hasta que un buen día el gran dirigente se lo llevó al América – cuando su única experiencia era dirigir en la Liga Española; fue de ahí que cargó con dos zagueros altos, delgados, que luego serían figuras, eran Alfredo y Luis Fernando Tena.

Fue el técnico que revolucionó al futbol mexicano en la cancha y en los medios, puso al América en todo lo alto, con el apoyo de la TV y la llegada de grandes jugadores extranjeros, con Reinoso al frente, contando además con una gran plantilla de mexicanos de la propia cantera. Cañedo le llevó a Borja de Pumas, Panchito al Monito Rodríguez de Zacatepec y Borbolla salió de la Española; con Hodge reforzó el medio campo y encontró al Pajarito Cortés en el Zamora. Armó el equipazo.

Fue campeón y se lució haciendo declaraciones, inventó el protagonismo de los técnicos en los medios, incendió los clásicos con Chivas por una razón (los odiaba). Claro, sentía que debió ser el titular en el Mundial de 1950 en Brasil y no José Villegas. Callaba ese sentimiento, pero lo llevaba y resultó ser un arma para publicitar y enconar los choques con los tapatíos. Fue algo maravilloso.

Roca fue técnico del Laguna una campaña, luego del Atlético Español, Toluca y Atlas; tuvo un retorno con América y fue siempre un hombre respetado y reconocido al que se le recuerda con cariño. Cuando viajábamos en el tren bala París – Burdeos y veíamos las viñas increíbles decía que toda su vida había estado ligada al juego de futbol y que jamás podría terminar de agradecerlo. Ahora tanto él como De la Serna miran futbol en el más allá. ¿Nos estarán esperando?

Correo electrónico: arcadiotm@hotmail.com