Por: Rafael Cué*

Articulista invitado

La crianza del toro bravo es fascinante, el misterio de la bravura y la interpretación que desde hace más de 100 años ha obsesionado a ganaderos de todo el mundo, es la materia prima y es esencial para la creación artística, objetivo único de la tauromaquia.

En el mundo son más de 400 ganaderías de toros bravos, todas persiguiendo la embestida perfecta; la diversidad radica en que cada ganadero tiene su visión de esta perfección, de ahí el inmenso abanico de interpretaciones sobre el comportamiento de un toro en la plaza.

Aparte de la vocación y profunda entrega del amor por el toro bravo, ser ganadero involucra un estilo de vida único; como todo lo que en esta vida vale la pena, implica muchos sacrificios, principalmente económicos, al invertir recursos y tiempo.

A cambio está la sensación indescriptible que viven estas familias, hombres, mujeres y niños que a caballo cruzan los potreros por la mañana, respirando el aire puro, sintiendo en los poros de la piel el rocío del campo, las miradas de becerros, novillos y toros que encuban en su ser la bravura que un día dará brillo a los colores de la divisa que adorna el hierro de cada casa.

En la colindancia entre el estado de Jalisco y Aguascalientes, pastan los toros de una de las ganaderías legendarias de nuestro país: La Punta, hacienda ganadera que en el siglo pasado llegó a tener 45,000 hectáreas y más de 2,000 cabezas de vientre. Distintos motivos llevaron a la familia Madrazo a vender el casco y el hierro en 1997.

Pedro y José Vaca, mexicanos trabajadores y apasionados del toro, se hicieron con el proyecto de rescatar la hacienda en materia y espíritu. Las mejores décadas del hierro punteño y su divisa gris, rojo y oro, habían pasado. La nueva ilusión y compromiso, al tiempo habían nacido. Interminables horas de trabajo, tiempo y recursos invertidos, fueron el inicio de esta nueva época de La Punta.

Haciendo honor a su distinguida educación y generosidad, los hermanos Vaca innovaron en el ámbito ganadero nacional e invitaron a amigos cercanos —con quienes comparten el amor por el toro— a formar una sociedad inteligentemente estructurada, de tal forma que el proyecto de dar nueva vida a La Punta se reforzó en alma y espíritu con nuevos socios.

Este fin de semana ha sido una prueba superada para La Punta. El trabajo, el sacrificio y la pasión han dado frutos y satisfacciones con dos encierros importantes en plazas de categoría.

El viernes en la plaza de toros Fermín Rivera, de San Luis Potosí, se jugaron seis toros muy bien presentados, sobresaliendo por su juego un par de astados; Arturo Macías, Sergio Flores y Leo Valadez les hicieron los honores, llevándose Macías una oreja, Flores dejó escapar una gran tarde por fallas con la espada, y el hidrocálido Leo Valadez se llevó el gato al agua cortándole dos orejas a un buen punteño.

Primera satisfacción lidiar una corrida de toros seria, sin exageraciones, preparada con más de un año en el campo y cuyo resultado dejó satisfechos a los ganaderos, que siempre quieren más y buscan mejor en cada toro.

Apenas unas horas después, en la plaza de toros Antonio Velázquez de Arroyo, plaza de menor aforo pero no de menor importancia en el circuito novilleril, se lidió una novillada muy bien escogida para que fuese una oportunidad real para los cuatro novilleros. Salió “Hostelero”, un novillo de vuelta al ruedo; calidad y cúmulo de virtudes durante el comportamiento en su lidia; para su buena suerte, cayó en manos de uno de los novilleros más destacados de la baraja novilleril: Cristian Antar. El torero tuvo la prueba de fuego, un buen toro en una plaza importante, y en pocas palabras Antar estuvo muy bien, disfrutó e hizo disfrutar al público, aprovechó la bravura y calidad de “Hostelero” y cuajó una gran faena. Dos orejas inminentes, de no ser por un primer pinchazo. Una oreja y vuelta al novillo fue el resultado de la conjunción de dos sueños: la bravura y el toreo.

Twitter: @rafaelcue

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.

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