Diálogos con Tadeo – Capítulo V

Dieciseis de octubre, lo recuerdo bien. Un querido amigo, ya fallecido, solía cumplir años en esa fecha. Es por eso que siempre recuerdo esa fecha. Cada año lo buscaba y lo felicitaba. Tras escuchar mi “felicidades”, su respuesta era la misma: endurecía el ceño a la vez que levantaba su mano derecha hasta dejarla horizontal frente a mí, con la palma hacia arriba para preguntar: “¿Y mi regalo?” Después, soltaba la carcajada y agradecía la felicitación. Pues bien, voy a lo anterior debido a que aquel aniversario me recuerda que, también un 16 de octubre, del año 1988, mi querido Santos Laguna disputó su primer partido de liga en el máximo circuito del futbol mexicano.

Tras recordar lo anterior, por la mañana al revisar mi agenda, la fecha me brincó. Recité mis oraciones por el eterno descanso de mi querido amigo y, posteriormente, que compartí la efemérides santista en mi cuenta de Twitter. Escribí: “#UnDíaComoHoy de 1988 @ClubSantos disputó su primer partido de liga en Primera División, recibiendo a #Morelia. Partido que terminó empatado a un gol. Lucas Ochoa fue el anotador del primer tanto santista”. Realicé la resta: 2018 menos 1988 igual a ¡30 años! Así que complemento el mensaje antes de enviar: “30 años consecutivos en el máximo circuito, con seis campeonatos”. Adjunté el recorte del anuncio de aquel partido y pulsé el botón de envío. Minutos, horas después, mis seguidores comenzaron a interactuar con la publicación mencionada. Más tarde, cuando me disponía a salir de la oficina tras concluir mi jornada laboral, advertí un sonido incesante en mi teléfono celular; era una seguidilla de mensajes de mi amigo Tadeo, de quien les he contado en anteriores ocasiones que es un irredento y compulsivo consumidor de programas futboleros de todo tipo. El primer mensaje era una imagen: una captura de pantalla de mi tuit mañanero; después, una seguidilla de mensajes de texto. “No me jodas: ya 30 años con futbol de primera… ¿en verdad fuiste a ese partido?… Quiero que me platiques… estoy con el Pijama en el lugar de siempre… cáele, te apartamos botana”. No siempre es grato hablar con ellos, ya que en ocasiones Tadeo es demasiado necio. Cuando le da por joder, nadie lo para. Cuando lo hace por medio de la mensajería instantánea puedo dejarlo que suelte su retahíla de mensajes; cuando tengo tiempo –y humor– le respondo al más puro estilo de don Fernando Marcos: en cuatro palabras. Sin embargo, en aquel momento traía hambre, y ganas de platicar; así que, subiendo al automóvil le respondí: “Llego en 15 minutos”.

 

“¿Y sí fuiste al partido ese de Santos contra Morelia, o puro pedo?” Me espetó el Pijama, sujeto cuyo nombre es Gerardo: Tadeo y yo le decimos Pijama ya que es bastante mameluco: presume y hociconea mucho, pero como bien dice Tadeo: es buena bestia.

—Afortunadamente pude asistir. Estuve en Sombra Sur. Aunque te he de decir que no fue la presentación del Santos en el Corona —comencé a contar.

—Entonces no fue el primer partido en Primera —Insistió el Pijama.

—Si lees bien lo que publiqué en Twitter y aparece en la imagen que andan enviando por el whatsapp, hace treinta años Santos Laguna jugó su primer partido en torneos de liga de Primera División –continué–. Antes ya habíamos visto jugar al equipo en dos partidos de preparación: la presentación en el Corona fue en un amistoso contra Argentinos Jrs., que quedó empatado sin goles. Una semana después, si mal no recuerdo, se jugó otro amistoso ante Monterrey, que se ganó dos goles a uno. Y antes, ya habíamos visto cuatro encuentros correspondientes al torneo de copa: Tampico-Madero, Morelia, Puebla y U. de G. fueron los rivales…

—Con razón –intervino Tadeo– ya se me hacía muy tarde que a mediados de octubre apenas se estuviera jugando la jornada uno.

—Fue una temporada muy larga –continué–, se jugó primeramente el torneo de copa, que inició en septiembre. Diez jornadas. Dos por semana. Después las 38 jornadas de la liga y, para rematar, la postemporada no se jugó a eliminación directa, sino en formato liguilla. Me explico: formaron dos grupos de cuatro equipos cada uno, los cuales jugaron seis jornadas entre sí. Posteriormente, los triunfadores de cada grupo disputaron la final.

—Eran épocas muy chingonas –intervino Tadeo, con aires de nostalgia–.

—Qué épocas chingonas ni qué tus pinches calzonzotes rotos –interrumpió el Pijama dando un manotazo en la mesa que hizo que salpicara el jugo del asado rojo que me sirvieron, afortunadamente sin llegar a manchar mi ropa–. ¿A poco sientes ganas de estar de nuevo viendo a un equipo jodido? En un estadio pequeño, incómodo, apestoso. Tener que entrar a la tribuna dos horas antes de que empezara el partido, aguantar estar apretujado durante cuatro horas, batallar para poder ir a tirar el agua, tenerte que fumar el hornazo que aventaban los grifillos. No la jodas, pinche Tadeo. ¿Te da nostalgia todo eso?

—Es que antes se hacían mejor las cosas: sin tanto dinero, pero con mucho entusiasmo y talento…

—Pinche Tadeo –ahora interrumpí yo– ya sé a quién estás parafraseando. Ya te he dicho que no veas tanta tele.

—Pero es cierto –reviró Tadeo–: si te fijas, sin el presupuestote que maneja actualmente el Santos, como bien te lo dijo la persona que te habló a tu programa de radio el pasado sábado, la escuelita de Lerdo ha formado y sacado más jugadores a la primera división que las fuerzas básicas del Santos.

—No jodas, Tadeo –retomé–. Lo ahí dicho por el radioescucha es completamente falso. Recuerda que le respondí que no hay que confundir: vender jugadores a equipos de primera división no es lo mismo que haberlos formado. Presumir haber formado a la “Chofis” López es lo más lejano a la verdad que pueden hacer. Bien documentó lo anterior don Chuy Aranzábal en una de sus columnas, que reproduje en mi blog personal. Y no me chingues con que Santos Laguna no ha sacado gente de sus fuerzas básicas: recuerda los campeonatos recientes que ha ganado en las sub 17 y sub 20; recuerda los debuts con el primer equipo de Acevedo, Abella, Arteaga, Angulo, Ulises Rivas. De esa camada también salió Eduardo Aguirre, quien se está curtiendo en el ascenso con Tampico-Madero. También recuerda a Ronaldo Cisneros…

—Quien resultó ser pura llamarada de petate –dijo Tadeo.

—Pues más bien lo echó a perder el de la escuelita de Lerdo –intervino el Pijama.

—¿Y la escuelita de Lerdo aquí que tiene que ver? –reviró Tadeo– Este güey ni sabe.

—Pues el buen Gerita tiene razón –intervine–.

—No entiendo.

—Recuerda Tadeo –continué– la situación por la que Ronaldo se fue del club. En aquellos días, el canterano tomó como representante a la famosa escuelita de Lerdo. Se sentaron a negociar, y su flamante representante exigió que en su contrato se le garantizara una gran cantidad de minutos, así como otras concesiones que no iban con su condición de novato; lo anterior motivó a que Santos tomara la decisión de dejarlo ir. Y no es que sea una llamarada de petate. Simplemente, fue mal manejado. Ese representante es muy bueno para cobrar sus porcentajes de los salarios de los jugadores, pero malos para darles seguimiento, para encauzar correctamente sus carreras. Por eso Ronaldo actualmente se encuentra relegado en Zacatepec. Recuerda además que la escuelita también representa al buen Gullit Peña, quien ha estado inmerso en un problema personal muy serio; ¿y sus representantes?; bien, gracias; dejándolo a su suerte. Esto último no lo dije al aire, lo referente a Ronaldo, si. Pero parece que eso no lo escuchaste, o no lo quisiste escuchar, o ya se te olvidó.

—No escuché tu respuesta al aire. Después de la intervención del señor que les llamó, bajé del carro a comprar refrescos y tortillas en la tienda. Tú sabes, ya se acercaba la hora de comer. Cuando volví a encender el vehículo, ya estaban con la sección beisbolera.

—Pues para que te lo sepas, cabrón –respondí–. No lo sabías porque en los programas “de alto rating” no lo han mencionado, ni lo harán. Y entiende: no es que se quiera volver al equipo humilde, o al antiguo estadio; es que hay un sector de la prensa, muy pequeño pero muy ruidoso, que quiere que vuelva el dueño de la escuelita a presidir al Santos. Saben bien que eso va a suceder, pero con eso tienen para estar haciendo sus polémicas baratas, apelando a esos bonitos recuerdos que tenemos de aquellas épocas.

—¿A poco no son bonitos los recuerdos de aquellas épocas? –se defendió Tadeo, mientras se dirigía a mí–. Bien que te encanta platicar de aquellos años.

—No la jodan. Ya se van a poner a platicar de la gallina, los meados, las asoleadas y todas las miserias de aquellos años –intervino molesto el Pijama, quien, hay que decirlo, comenzó a seguir al conjunto guerrero a partir de diciembre de 1996–.

Tomé aire, pedí al mesero que pasó cerca de nosotros otra ronda de líquidos espumosos y una nueva ración de tortillas y retomé el tema.

—Nunca voy a renegar de haber vivido aquellas épocas. Hacerlo, Gerardito, es incluso didáctico. Recordar nuestro origen siempre será edificador. Me viene a la mente un amigo de la familia, hombre de buena y humilde cuna, criado en un barrio populoso en donde siguió viviendo tras su matrimonio. Con mucho esfuerzo progresó económicamente. Hace algunos años construyó su casa en uno de los fraccionamientos más exclusivos de la ciudad, mudándose junto con su esposa e hijos. Me agrada acudir a su nueva casa, de la misma manera que me agradaba visitarlo en la casa antigua. En la sobremesa, mi buen amigo y su familia en ocasiones cuentan recuerdos y anécdotas de su antiguo barrio. Me cuentan que, si bien se acostumbraron ya a las comodidades ahora adquiridas, nunca se han avergonzado de hablar acerca de su origen. Siguen frecuentando a sus antiguas amistades y no les importa el qué dirán de sus nuevos vecinos. Así nosotros como aficionados: debemos estar orgullosos de nuestros orígenes, es una forma de ser agradecidos. Haber vivido aquellas épocas nos hace valorar más lo que ahora tenemos. Es importante contarlo, para que lo sepan los imberbes que no lo vivieron, que piensan que lo merecen todo. Y eso, Gerardín, es muy diferente a querer volver a aquellas épocas.

—¡AAAAYYYYY, qué romántico! Por poco y me haces llorar –gesticuló el Pijama, dando ahora sí, rienda suelta a su hiperlactancia.

—Y vas a chillar en un momento más –le respondí–. Te va a tocar pagar toda la cuenta por mamón.

Mi respuesta y las consecuentes carcajadas de Tadeo mantuvieron al Pijama en silencio por un buen rato, mientras continuamos recordando anécdotas de la tribuna durante aquella temporada, en la que Tadeo solía acudir al antiguo estadio Corona junto conmigo. Mientras, transcurría el partido de beisbol que se proyectaba en la pantalla.

Una vez que se consumó la victoria de los Medias Rojas de Boston sobre los Astros de Houston, interrumpimos las anécdotas y nos despedimos. Para tranquilidad de nuestro impertinente amigo, tanto Tadeo como yo pagamos nuestra parte de la cuenta. El resto del día, conducíendo hacia casa y viendo aquel kilométrico partido nocturno entre Cerveceros de Milwaukee y Dodgers de Los Ángeles, continué recordando aquellos pininos de nuestro querido equipo en el máximo circuito: la amenaza del descenso, la victoria liberadora ante Atlético Potosino, los eufóricos festejos y los pleititos de Miguel Herrera, los lances de Panduro, el respeto que imponía Wilson Graniolatti en la zaga, la chambonez que desplegó Diego Malta en los escasos siete partidos que dirigió, las gambetas del Choque Galindo, la labor chingaquedito de Julio César Armendáriz, entre otras.

Ya son treinta años en la máxima categoría: 1196 partidos de liga disputados; mayor cantidad de victorias (436) que derrotas (408); hemos gritado más goles (1786) que aquellos que nos han anotado (1733). 30 avances a la liguilla, 20 semifinales disputadas, 11 finales, seis campeonatos. Finalmente, hemos disfrutado más de lo que llegamos a imaginar hace 30 años.

30 años de grandeza, con orgullo y agradecimiento podemos gritarlo y recordarlo… a pesar de tantos tadeos y pijamas que pululan en nuestro entorno.

Agradezco sus comentarios y sugerencias.

Correo electrónico: enrique@maciasweb.com

Twitter: @emaciasm

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