La fiesta está viva

Por: Rafael Cué *

Articulista invitado

 

México es uno de los países más ricos en historia, tradiciones, cultura y folclore del mundo entero. Parece que tienen que venir de afuera para hacernos ver el país que somos. Este fin de semana el mundo quedó asombrado de lo que somos como cultura y sociedad, durante el Gran Premio de Fórmula Uno. ¿Qué sería de este país si sus políticos estuvieran a la altura?

Estas fechas, en particular el Día de Muertos, es una cita marcada en el calendario taurino mexicano. Celebramos la muerte, con festejos taurinos, manifestación cultural por donde se vea; honrar la vida jugando con la muerte explica la idiosincrasia de nuestro país, defender con honor y la vida misma lo que somos y lo que nos apasiona.

Sentirnos vivos sabiendo que un día vamos a morir, simplemente nos hace más fuertes. La corrida de toros es la máxima representación de la vida, porque está la muerte rondando en cada embestida, en cada lance, en cada par de banderillas, en cada muletazo y en su máxima expresión durante la estocada.

Al toro se le da vida y se le cuida durante cuatro años; supongo que dentro de su instinto él sabe que un día va a morir peleando, mostrando sus virtudes y defectos, cimentados en la bravura de su comportamiento. Su esencia y presencia son maravillosas, simbolizan la vida misma, el esplendor de la naturaleza ante la inteligencia del hombre y la capacidad de éste para crear arte.

El torero representa la vida, la lucha por mantenerla y hacerla más bella. ¿Acaso no es esto a lo que nos enfrentamos a diario? Lo que hagamos con nuestra vida y la forma en la que afrontemos las oportunidades y los problemas, define nuestra existencia.

En México amamos tanto a la vida que nos reímos de la muerte, pero ojo, siempre con respeto, como al toro, porque sabemos que tanto la muerte como el toro en un giro del destino nos arrancan la existencia.

De la mano con esta representación, viene el sentir de los mexicanos, habrá quien no guste de la tauromaquia, y a todos ellos les respetamos, siempre y cuando respeten a quienes vivimos para ella. En México sentimos, sentimos nuestra música, nuestra comida, nuestra literatura, nuestra pintura, nuestra cultura y nuestra tauromaquia. Es una virtud natural que nos corre por la sangre, como al toro la bravura. Esta unión permite crear y mantener nuestra identidad.

Esta semana, comenzando el jueves 2 de noviembre, hay tres puestas en escena maravillosas. En Tlaxcala, el mero día de la feria, se llevará a cabo en la bellísima plaza de toros Jorge El Ranchero Aguilar, un mano a mano entre el francés Sebastián Castella y el tlaxcalteca Sergio Flores, orgullo de los mexicanos, ante toros de la ganadería de Xajay.

La ciudad entera se viste de fiesta, el zócalo se adorna con altares, mientras el color amarillo y naranja del cempasúchil alegra la pupila y le da una fuerza única al paisaje cotidiano. A sólo 90 minutos de la capital, puede usted escaparse a Tlaxcala y pasar un día inolvidable, lleno de cultura, tradición y arte taurino.

En otra maravillosa ciudad, a tres horas de la capital, se llevará a cabo una corrida de toros emblemática, Morelia y su monumental albergarán la Corrida Tradicional del Día de Muertos, que este año presentará un espectacular doble mano a mano: a caballo, Andy Cartagena y Emiliano Gamero; a pie, Diego Silveti y la sensación del momento, el peruano Andrés Roca Rey, ante toros de Torreón de Cañas.

El sábado en Aguascalientes, en el Festival de Calaveras, ante toros de Campo Hermoso, actuarán Sebastián Castella, El Payo y Leo Valadez.

Estas son sólo algunas propuestas taurinas para estos días de profunda espiritualidad y mexicanidad. Si usted es aficionado, no deje pasar estas oportunidades de ser parte de lo nuestro, de emocionarse y sentirse pleno honrando a la muerte por medio del goce de la vida.

Twitter: @rafaelcue

 

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.

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