La fiesta está viva

Por: Rafael Cué *

Articulista invitado

 

Iván Fandiño alcanzó la gloria dentro del toreo de la forma más dura, pagando con su vida. Los que visten de seda y oro saben y están dispuestos a pagar el precio a cambio de sentir, para hacer sentir el inmenso arte de la tauromaquia.

El camino del torero es siempre duro, lleno de sinsabores e injusticias, por eso llegan tan pocos a la cima. Son muchos los llamados y pocos los elegidos. En el caso del torero de Orduña (localidad enclavada en el País Vasco), esto quizá fue incluso más acentuado. Sin antecedentes taurinos, Iván se abrió camino a sangre y fuego, sin más ayuda que su inmenso valor y una férrea voluntad de perseguir y alcanzar un sueño.

Cuando muere un torero a consecuencia de una cornada, el toro pone de manifiesto su inmenso poder y su capacidad para herir y matar. Sinceramente si no hay más muertes en el ruedo es porque existe un Dios —para los que somos creyentes— o un azar, que permite a un astado destrozar un vestido de torear con el torero en el piso, sin herirle las carnes en la mayoría de las veces.

La tauromaquia es la única representación cultural y artística en donde se muere de verdad, tanto toro y torero se unen dentro de un ruedo que simboliza el círculo de la vida. Se encuentran, se conocen e intimidan, y en ese acto intentan cada uno por sus medios imponerse al otro, en una disputa de voluntades donde el común denominador es la nobleza que ambos aportan, para, de ser necesario, pagar con su vida la esencia de la tauromaquia.

El toreo es una exaltación a la vida porque existe la muerte. Todos vamos a morir, pero los elegidos lo hacen con gloria, como los toros bravos, como los toreros buenos.

Fandiño luchó tanto, luchó de forma tan honorable, que el destino y el toro le permitieron alcanzar la gloria antes de que un astado al sur de Francia le arrancara la vida terrenal y le diera vida eterna.

Al torero vasco se le reconoció en todo el planeta taurino, pagó con sangre muchas tardes de triunfo. Triunfó rotundamente en Las Ventas de Madrid, abriendo la Puerta Grande en 2014. Bilbao, Sevilla, Pamplona, Zaragoza, Valencia, Dax, Bayona, Mont de Marsan, Arles, Salamanca, Guadalajara, Pontevedra, Toledo, Lima, Cali, Tlaxcala, Pachuca y más, se rindieron a su valor y su verdad.

Ajeno al sistema, siempre en la lucha independiente —haciendo honor a su origen—, Fandiño ganó toro a toro y tarde a tarde un lugar que le valió el reconocimiento más complicado, el de los toreros.

A Fandiño no tuve la oportunidad de tratarle nunca; le vi torear en Pachuca y me impactó su seriedad en el Patio de Cuadrillas momentos previos a iniciar la corrida. Ensimismado, con la mirada fija en un punto, siempre me dio la sensación de que en esos momentos él se encaraba con la muerte, le miraba a los ojos y le proponía que pasara lo que tuviese que pasar.

El toreo le brindó ambas glorias: triunfar viniendo de la nada y saberse pleno al conquistar un mundo complejo, por sus medios; le brindó el valor y la verdad, a lado de su inseparable apoderado, Néstor García, su fiel escudero.

Pudo Fandiño gozar del triunfo, colocarse en todas las ferias y también ser tratado y juzgado ya con el rasero de las figuras. Esta fiesta es así, es tan de verdad que cuando un hombre muere en el ruedo, los que esto amamos sentimos la pena terrenal, pero sabemos de la gloria que supone morir en ese lugar, pasar a la eternidad en el mundo del toro. Que otros hombres lloren y que el consuelo sea saber que el que se ha ido fue capaz de distinguirse del resto no sólo por ser torero —pues ya de por sí era muy grande—, sino por haber sido alguien que estando aquí amaba al toro, que vivía para el toro y que veneraba al animal que es capaz en un segundo de arrancar la vida.

Antitaurinos, ya no me enojo, me duele su ignorancia, me duele sólo pensar que se congratulen de la muerte de un hombre cuyos valores son tan grandes que nos rebasan. Tú, anti, también morirás, todos lo haremos, sólo que a ti no te llorarán como lloramos a un héroe, a un hombre que ha caído haciendo lo que amaba, que siempre será recordado con honor.

Twitter: @rafaelcue

 

*Artículo escrito para el diario El Financieroreproducido por voluntad del autor en Intelisport.

 

Anuncios