La Fiesta está viva

Por: Rafael Cué*

Articulista invitado

 

La tauromaquia exalta en el ser humano sentimientos que sólo el arte es capaz de despertar, uno de ellos es la pasión. La entrega absoluta a una forma de entender la vida desde los valores de la tauromaquia, hace que los aficionados integren a su manera de ser este ingrediente que se convierte en motor para seguir luchando hasta lograr cualquier objetivo en la vida.

Los tendidos de las plazas han sido desde siempre un hervidero de pasión, el aficionado es receptor de cientos de emociones y estímulos durante una corrida de toros, desde el paseíllo con el incomparable colorido de los bellos trajes de luces hasta las notas musicales, la solemnidad y liturgia que conlleva dicha corrida. La admiración y culto al toro, rey de la fiesta, su hermosura, su poder y su bravura, despiertan en toreros y aficionados pasión, la misma con la que los ganaderos dedican su vida a la crianza y preservación de esta magnífica y única especie del reino animal.

Todo en este mundo evoluciona. Los medios de comunicación, redes sociales y la tecnología nos ponen la información prácticamente en tiempo real, sin esfuerzo alguno; esto ha generado que hayamos perdido la capacidad de asombro. En el teléfono podemos ver casi en vivo los terribles bombardeos en Alepo, Siria y con una terrible frivolidad cambiamos de noticia o de red social. Se humaniza a los animales y se deshumanizan hombres y mujeres.

Llevando lo anterior al terreno taurino, me pregunto una y otra vez, ¿qué está pasando con la capacidad de asombro y disfrute por parte de los aficionados? Me preocupa que los valores estéticos y culturales de la tauromaquia se pierden entre juicios y sentencias muchas veces infundadas. El respeto —valor fundamental para la correcta convivencia entre los humanos— es cada vez más escaso. La familia como centro y pilar de la colectividad se debilita cada vez más y esto se refleja en el comportamiento social llevado a cualquier nicho.

La pasión en los toros debe ser el común denominador entre los taurinos, me refiero a taurinos como todo aquel que su vida ha sido tocada por la tauromaquia, desde los profesionales hasta el público. En posturas diametralmente encontradas en concepto o gustos, la pasión permite que las distintas formas de entender el toreo tengan algo en común: el respeto a la postura contraria. De ahí los de Armilla y Garza, los “silveristas”, “martinistas”, “cavacistas”, “gutierristas”, “zotoluquistas” y resto de “istas” en el planeta de los toros.

Veo con tristeza y agobio que como aficionados esta actitud enjuiciadora está provocando que no se valore en su justa dimensión una época de toreo profundo, donde (como ha sucedido siempre y seguirá sucediendo) salen toros buenos y toros malos, se lidia más serio que nunca, se cuenta con diversos encastes y con diversos conceptos taurinos por parte de estupendos toreros nacionales: los primeros espadas de lujo, como Jerónimo, El Zapata, Ignacio Garibay, Fabián Barba; la abultada cartera de jóvenes cuajados en su concepto y tauromaquia, como Joselito Adame, El Payo (foto), Arturo Saldívar, Juan Pablo Sánchez, Fermín Rivera, Diego Silveti, Sergio Flores y otra camada aún de jóvenes como Luis David Adame, El Calita, Diego Sánchez y Gerardo Rivera, entre otros.

Invito a quienes compartimos esta pasión llamada tauromaquia, a que disfrutemos de ella, exigiendo a las empresas encargadas de montar las corridas de toros que se hagan las cosas bien, ofreciendo al público lo que quiere, entendiendo los gustos y necesidades de quienes mantienen este espectáculo, los que pagamos un boleto. El mejor juicio para una faena es el que dicta el corazón, el que deletrea la pasión. No hay que saberse de memoria ni todas las pintas, ni todos los pases, ni todos los colores de los trajes para ser buenos aficionados, lo que se necesita es sentir, gozar, disfrutar y dejarse llevar por la inconmensurable emoción del toreo.

Agradezco al periódico El Financiero* la oportunidad de difundir la tauromaquia; a los artistas que han ilustrado semana a semana esta sección, muchas gracias por su arte, son parte fundamental del toreo; y a usted amigo aficionado, muchas gracias por leerme. Que 2017 esté lleno de salud, trabajo y toros.

Twitter: @rafaelcue

*Columna redactada para el diario El Financiero, replicada en Intelisport bajo voluntad del autor.

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