LA FIESTA ESTÁ VIVA

Por: Rafael Cué*

Articulista invitado

Doña Beatriz González y Carvajal y su hermana doña María Cristina, fundaron Rancho Seco el 17 de febrero de 1922, según rezan las escrituras de esta casa ganadera tlaxcalteca. Seis años después doña Beatriz le compra su parte a doña María Cristina, quedándose como única propietaria. En 1931, además de contraer matrimonio con Carlos Hernández Amozurrutia, debutan en corridas de toros en la plaza de “El Toreo” de La Condesa, ubicada donde hoy se encuentra el Palacio de Hierro de Durango, con un mano a mano entre Pepe Ortiz y Paco Gorráez.

Hoy celebramos el primer siglo de una de las ganaderías más importantes de México, no sólo por estar vigente cien años y contar ya con la sexta generación de hombres y mujeres que viven por y para el toro, sino por su gran valor genético con distintos encastes.

Como todas las ganaderías de aquella maravillosa época de México, su formación ganadera se hizo con paciencia, talento, dedicación y absoluta entrega por el toro bravo. Contando como base con vacas provenientes de distintos encastes que, a cuentagotas, llegaron a nuestro país. Desde su fundación Rancho Seco ha realizado cuatro importaciones de ganado para refrescar y ampliar el abanico de encastes que pastan en los potreros que vigilan como imponentes guardianes: “El Popo”, “El Iztla”, “La Malinche” y “El Pico de Orizaba”.

Hoy en día, Rancho Seco cuenta con ganado de su base fundacional del hierro de Zotoluca y Piedras Negras, en 1945 don Carlos Hernández importa, en plena Segunda Guerra Mundial, toros sementales de doña Carmen de Federico encaste Murube, en 1989 don Sergio Hernández González, ya como único propietario, adquiere vacas y sementales de don Javier Garfias, en 1997 se importan vacas y toros procedencia Fermín Bohórquez, también encaste Murube, y de José Luis Buendía encaste Santa Coloma. Entre 1998 y 2022 se adquieren sementales procedentes de Santa Coloma de las ganaderías mexicanas de Los Encinos, Julián Hamdan, Montecristo y Javier Garfias. Esto significa que existe ganado procedente de la compra en 1904 de vacas y toros del Marqués de Saltillo por parte de José María González Pavón, ganadero de Tepeyahualco, animales de Murube por la vía Carmen de Federico y Bohórquez, de Llaguno vía Javier Garfias y de Santa Coloma vía Buendía y los hierros mexicanos recién señalados.

Esto es de un valor genético y ganadero enorme. Son prácticamente cuatro ganaderías en una, sin contar con las cruzas y refrescos de sangre que se llevan a cabo en la intimidad ganadera y probados en el maravilloso laboratorio de bravura que es el tentadero.

Para poder abrazar este importante hato ganadero, la finca tiene que ser funcional y operar con precisión milimétrica, como lo es. La dupla entre padre e hijo formada por Sergio Hernández González y Sergio Hernández Weber ha dado el resultado que llevan décadas persiguiendo. Han pagado el precio de no ceder en su toro, de mantener la selección en busca del toro bravo al que muchas veces, por absurdo que parezca, rehúyen las figuras. Toros buenos y toros malos han salido, salen y saldrán en todas las ganaderías del mundo. Lo importante y de valor es mantener el concepto ganadero en tiempos buenos y tiempos malos. Adaptarse y anticiparse al toreo. El sábado en la Plaza México dio inicio la celebración del centenario con una señora corrida de toros, tres toros muy buenos, uno de ellos excepcional, el cuarto, al que Diego Sánchez le cortó dos orejas, uno duro y dos que no gustaron a los ganaderos. El mayor triunfo de todo ganadero es comprobar que el trabajo de tantos años, la disciplina y el amor por el toro rinden frutos. La vuelta al ruedo del ganadero y su caporal, con el que lleva más de 50 años, lo dice todo.

En Rancho Seco no sólo hay sangre ganadera sino torera. La historia y el futuro lo saben. Las ganaderías no son únicamente sus vacas y sus toros, son la familia, los vaqueros y los amigos. Durante la presentación del libro “Rancho Seco, cien años de amor al toro”, concluí mi participación con esta idea que creo resume lo que es hoy esta casa ganadera:

“En Rancho seco, las vacas y los toros que pastan tienen: La sapiencia de don Sergio, la nobleza infinita de doña Vicky, la gallardía de Pancho, el arte de Marcela, la entrega de Checo y la alegría de Mónica”.

Twitter: @rafaelcue

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.