Hoy pido disculpas, Señores y Señoras, porque dejaré a un lado el acontecer actual y me remontaré al año de 1908. En ese año llegó a Orizaba, Ver., como tantos otros, a “hacer la América”. Con tan sólo 15 años dejó la casa paterna. Su nombre: Pedro Aranzábal Zabaleta. La costumbre del mayorazgo en el País Basko provocaba la mucha emigración de sus habitantes, de tal suerte que se desparramaron por toda América, especialmente a Uruguay, Argentina y México. 

Pues bien, este mocetón llegó a Veracruz y comenzó a trabajar en su querida Cervecería Moctezuma, a la que le fue fiel hasta su muerte, puesto que en casa siembre contábamos con una buena dotación de “la rubia que todos quieren”. Contra todo lo que se piense, empezó a pegarle a la pelota ahí, en Orizaba, fundando con otros indianos el Club de Futbol Cervantes. Un defensa central fuerte, chaparrón, –quizá para la época era de buen tamaño con su 1.72 de estatura– y zurdo, de donde le vino el mote de “Patachueca”. En aquella época el futbol comenzó a propagarse por todo Veracruz, especialmente en la zona de Orizaba, Córdoba y el mismo puerto. De tal suerte que la fama de Patachueca cundió por todo el territorio.

Llegó a La Laguna contratado por Don Ángel Urraza y Don Fernando Rodríguez Rincón, en 1919. Lo trajeron para que jugara un triangular en el que participarían el Atlas y el Nacional de Guadalajara. Ya estando aquí, le ofrecieron la tienda de la hacienda de Lequeitio para que se quedara, y aceptó. Desde entonces se hizo lagunero yn siempre con un amor a sus deportes favoritos: futbol, frontón y después, el boliche, siendo el fundador de la Federación Mexicana de ese deporte, junto con Don Hector Reynal, de Chihuahua.

Entregó parte de su vida al futbol, sobre todo rural. En todas las rancherías había un equipo de futbol, y siento que Patachueca tuvo mucho que ver con ese asunto. Un hombre que siempre aportó, un hombre cuya frase era: “¿de a cómo nos toca?” Muy diferente a estos tiempos en que la frase cambia a: “¿cuánto me toca?” Fundador del Laguna profesional y siempre recordando a su querida Real Sociedad, a la cual me enseñó a querer. Alegre, le encantaba disfrutar de la vida y muy participativo en los grandes eventos, sobre todo en las esperadas Romerías de Covadonga. 

Siempre me platicó de sus triunfos y, en alguna ocasión que le pregunté por sus derrotas, me dijo: “¡ésas las platican los que ganaron!” Un día me dijo que él en Veracruz era el ídolo de Miguel Alemán Valdés. Obviamente le pregunté: “¿Me estas informando o me estas presumiendo?” Pues bien, permítanme platicarles una anécdota que sucedió cundo Don Miguel Alemán vino a la Laguna en plan de candidato. Sucedió en una comida en el Campestre Lagunero cuando, en la fila del besamanos, todos los empresarios de aquella época hacían fila para saludar al futuro preciso. Cuando le toca el turno a mi papá, se presenta y le dice: “A sus ordenes, Don Miguel. Soy Pedro Aranzabal”, y Alemán le contesta: “¿Patachueca?” “Sin Señor”, fue su respuesta. Es largo de contar lo que sucedió ese día, pero mi padre terminó en la mesa de honor platicando de futbol con aquel que según dijo: el baskito era su ídolo. 

Aquel Patachueca murió en 1980, pero nos dejó muchos recuerdos qué disfrutar y, sobre todo, un nombre reconocido en esta nuestra querida Comarca Lagunera. Hoy lo traje a colación porque Patachueca, mi negocio, una ilusión de toda mi vida, está cumpliendo 5 años. El 22 de septiembre de 2016 se abrió al público este sueño hecho realidad. Gracias a aquel zurdo Patachueca y a mi madre, extraordinaria cocinera, Doña Esperanza Fernandez Perezagua. 

Pido disculpas a todos, me ganó la emoción. 

Hasta la próxima.