AL LARGUERO

Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

Cubierto por la nostalgia, el viejo Moctezuma jamás pensó que una nueva generación de chicos disfrazados de partisanos del futbol llenarían de ilusiones juveniles su cancha deteriorada, convertida en un mapa de retazos de pasto y tierra que esa tropa fue cubriendo al galope diario. Abandonado por años fue resucitando de a poco con grandes lecciones en un tiempo de locura.

Y los viejos fans, que sobreviven cada año, nos dicen que ya son 38 y nos ponen las fotos donde hoy, los que ya son abuelos, eran solamente aspirantes a héroes del juego y el espacio queda para los cafés, cotorras, manzanas, peleos, virus, chopes, nonos, cerillos, lupillos, que venían de Gómez con Pepe Díaz Couder de líder. Porque por él volvió el futbol a nosotros. José armó el Frankenstein. Luego vinieron otros pero estos fueron la base, como igual el primer periodista con ellos fue Julián Parra y después de su ruido, el resto se fue uniendo, como náufragos a la barca final.

Tantos años después, uno se va dando cuenta, con las vueltas de la vida, que el verdadero viaje de descubrimiento que hace quien desea tomar nuevas aventuras, consiste no en cubrir otros nuevos espacios, sino en mirar el mismo paisaje con una vista renovada, digamos que con nuevos ojos y de esta forma uno se recrea, porque el cerebro viaja tan rápido cual cámara de cine.

Y nos pone una película favorita. Esa con Puma Rodríguez protagónico. Delantero indómito, con un pique corto de oro y pelota dominada con cambio de velocidad. Tenía a Fernando de la Rosa como lanzador y él fabricaba el resto. Goleador dorado. Cuando se fue al Atlante sus rodillas se negaron a dejarlo ser crack. Mientras De la Rosa siguió siendo el mariscal de campo local. Una tarde le hizo un gol al Uruapan desde 45 metros. El arquero era un futuro astro: Adolfo Ríos.

Está claro que en nuestras historias solo somos héroes, nunca villanos pero el trayecto santista ha tenido de todo absolutamente hasta llegar a los tiempos actuales donde ya no hay nada fantástico y solamente existe lo real, donde la economía se apoderó del futbol y éste quedó inmerso en la dinámica de la globalización y no se le puede de ningún modo, culpar por ello.

Los inteligentes se complican la vida porque son pensantes y siempre están llenos de dudas. No convienen a la máquina de producción y consumismo porque todo lo cuestionan. El medio actual del futbol provoca periodistas especulativos, estridentes y belicosos. No se muestran escrupulosos con la verdad, porque ésta les rebota en la cara si quieren tratar de ocultarla.

Edgar Allan Poe (1809- 1849) escritor y periodista estadounidense, maestro del relato corto, sostenía que “de nunca haber sufrido, nunca habría sido dichoso y las personas necesitan esperanza”. Por ello aquellos tiempos de pobreza hicieron fuertes a Santos y su gente. En esa etapa aprendieron que tienes que morir unas cuantas veces, antes de poder vivir de verdad.

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