Ney Blanco de Oliveira en la Corte del Rey

Charlas con Héctor Huerta

Capítulo XXII: El retorno a la Corte, para un largo reinado.

HÉCTOR: Decías que “Pelé” llegó en desventaja al Mundial de Suecia porque aparte de la lesión en un tobillo todavía no desarrollaba su poderío físico.

¿Nos podrías explicar con mayores detalles?

NEY: En aquel entonces había una inconsciencia total del jugador sudamericano respecto al trabajo físico-atlético. Lo rechazaba, simplemente. La primera dificultad en nuestros partidos ante los europeos era la desventaja de poderío físico.

El cambio histórico fue paralelo pues mientras los europeos pasaron a prestarle una gran importancia a la técnica, nosotros los sudamericanos ya habíamos entendido la necesidad de mayor trabajo físico-atlético.

“Pelé” llegó a su primer mundial inconsciente de esa importancia. Nunca había sido preparado físicamente para jugar al fútbol, y a los 16 años con 8 meses carecía de nociones elementales sobre la atención del aspecto físico-atlético.

El Rey tomó conciencia de este aspecto cuando llegó el profesor Julio Mazzei al Santos.

Como todo descendiente de raza africana, “Pelé” tenía elementos innatos para convertirse también en un gran atleta, físicamente hablando.

Una vez que tuvo conciencia de esta importante obligación, “Pelé” se entregó al trabajo programado por el profesor Mazzei. El resultado no se hizo esperar: el desarrollo físico-atlético del Rey entró en su fase de madurez y resultó una herramienta vital en su reinado. Llegó a la cúspide de acondicionamiento físico en el Mundial de México, en 1970.

Sinceramente nunca antes lo vi tan fuerte, tan bien preparado físicamente. Fue un excelente trabajo el que hicieron con el Rey los preparadores físicos Chirol y Claudio Coutinho (que en paz descanse). Su desarrollo fue paulatino y progresivo.

En algún momento mencioné que el poder físico del ya monarca era una de sus armas para estar en la cancha. Y sin embargo, ese poderío no lo tenía en Suecia en 1958.

A lo largo de su carrera, “Pelé” demostró que fue uno de los pocos delanteros latinoamericanos que hacían pesar su poderío físico a los defensores contrarios. Sus dos brazos eran como un par de remos.

Esa fase del desarrollo físico-atlético del Rey completó, ya en una forma consciente, lo que le faltaba para reinar durante más de una década.

HÉCTOR: ¿Y su técnica individual? ¿También se fue puliendo con los maestros, o ya la traía desde siempre?

NEY: Siempre reveló una técnica individual depurada, aún en sus tiempos de juvenil. Lógicamente con el pasar de los años llegó a un nivel muy alto, para mí, único.

Es de todos conocido que la técnica individual se basa en la superficie de contacto del cuerpo. Cómo controla, cómo domina y cómo lo pone en juego. Ese es el termómetro para analizar la técnica individual.

La superficie de contacto más importante y determinante del cuerpo es la de los pies. Éstos, a su vez, están divididos en tres superficies: la parte de dentro, la más ancha, que sirve para los pases cortos y asegurados; el empeine, que se ocupa para los pases largos, centros y tiros a gol, y la parte externa, que en particular considero de alto nivel y aquel jugador que la domina y la usa como una “suave bofetada”, es el que tendrá un recurso adicional para pasar a contra-lógica. Algo parecido al talón, que suele ser un recurso, aunque algunos jugadores lo utilizan como factor importante de su técnica individual.

Hablar del juego aéreo, tan difícil por cierto, es hablar de la otra superficie de contacto importante. Para ejecutar bien hay que calcular el salto, elevarse para coincidir en un punto imaginario con el balón y dale sentido a la acción. Eso, ya a simple vista, es difícil para cualquiera, pero lo es más si se ejecuta el contacto con la frente y los ojos bien abiertos. Un golpe efectivo de cabeza le complica el quehacer al defensor contrario. No basta con chocar la pelota en la cabeza o dar un frentazo, aunque sean válidos. Lo que se trata es de jugar, de golpear la pelota con intención.

Otra superficie importante de contacto, que distingue a los buenos de los súper dotados, es la perfecta utilización del pecho, no como recurso, sino también para transformar el juego en arte.

Pues bien, Héctor, debo decirte que “Pelé” dominó todo. Fue un artista con el balón, por su técnica excelsa. En alta o en baja velocidad siempre obtuvo ventajas. “Pelé” no tenía necesidad de ver el verde. ¿Me explico? Mira: no tienen buena técnica aquellos jugadores que miran el pasto para saber dónde se encuentra el balón. Los grandes jugadores lo son por su panorama extenso de la cancha. Ubican, con la cabeza en alto, dónde están sus compañeros, los adversarios y el balón, para dar secuencia al juego y belleza al fútbol.

“Pelé” hizo con su técnica de supremo nivel, con la excelsitud de su trato con el balón, y con su extraordinario concepto del juego, todo un homenaje diario al buen jugar.

Con su arte hizo que el balón fuera su esclavo.

(Mañana: el concepto de juego. Un prestidigitador).

Twitter: @emaciasm