AL LARGUERO

Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

En el mundo que vivimos, da la impresión de que no hay nadie que no sea un desesperado, pues la pandemia, el panorama económico, el fantasma del desempleo y el entorno plagado de vampiros y fantasmas ocupan todo el espacio y al hombre le falta tiempo para escoger prioridades, por lo tanto el escondite de muchos viene a ser refugiarse en los tenebrosos medios.

En esta lucha de sacudirse de traumas, obsesiones y miedos, el sujeto cree que por amor se sobrevive siempre y ha hecho desaparecer la buena costumbre de incrementar su esfuerzo intelectual, pues sin darse cuenta no mira que el mundo ha cambiado y aunque no se lo proponga, una meta debe ser crear su propio mundo, por más que éste sea una vida alterna como solución.

El creyente se aferra a su convicción, conociendo que sin riesgo no existe la fe pero como sabemos todos, es muy difícil no ceder a la fascinación y al encanto, como una especie de tentación sexual y en esa vida alterna ya tiene el secreto de la vida que es no tener emociones elegantes, sino ser simple, agradecer lo que se tiene y desterrar las ideas de lo que no se posee.

Entonces se abona a lo cotidiano para descubrir que sigue encadenado, no por su sensibilidad, sino porque no existe voluntad en medios para traspasar barreras ideológicas, sino que todo se estanca en lo básico, en el deterioro de la clase, en el maltrato de la calidad, en la ausencia de ideas y acciones convincentes, en la aparición de un ambiente donde se respira solo supervivencia.

Así, caemos en alteraciones de la imaginación, estados de ánimo desafinados e intentos de manipulación, como la cabeza a la nota de Urielito que hizo un gol y le llaman “amuleto”. Ricardo Ferretti hace gala de su capacidad actoral y se muestra “muy preocupado” por su Tigres a la baja. Pumas está invicto y Chucho Ramírez, su dirigente, deja que su gente suelte todas sus ilusiones. Cruz Azul tiene su turno de irregularidad y Atlas lo dobla. Mohamed no encuentra más excusas.

En casa, la enfermedad es de más alto nivel, porque Santos no es lo que quiere, sino lo que puede, así que Almada descubre el secreto “tenemos muchos detalles para corregir”. Le llueven loas a Garnica, a quien debieran decir que la pelota no es solo para él y que da toques de más. En el resto se muestra que al equipo le dura 45 minutos el fuelle, llega y gesta pero no concreta. Su atacante estelar, Furch, ahora vive como un náufrago. Está desorientado y peleado con el gol.

Si antes de la pandemia que medio se comió al mundo, el futbol era como un circo gigante de tres pistas, ahora brinda lo poco que tiene, no lo mucho que puede, pues todos hemos quedado a la mitad de lo que podemos producir y en el aire ya no encontramos la música de las palabras, nos quedamos sin voz propia. Ahora lo que se impone es tener una vida alterna, como esa única propiedad que tienen los escritores de imaginación, que son sus ficciones.

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