La música, esa extraña forma del tiempo según Borges, ha estado muy cerca del deporte contemporáneo. Nada mejor, por ejemplo, que acompañar la previa de un partido en el estadio que con música emitida desde las bocinas, o nada mejor que aderezar las cortinillas o los promocionales deportivos con ritmos instrumentales vigorosas, aunque también es frecuente que ciertas escenas en cámara lenta cuadren de maravilla a la melodiosidad de los violines o al dramatismo que pueden imprimir los teclazos del pianoforte.

Esto es frecuente, imposible que no fuera así, en el caso del futbol. Prácticamente no hay comercial sin el acompañamiento ad hoc de alguna pieza musical ejecutada sólo con instrumentos. Esto me llevó a pensar en las composiciones que se refieren de manera directa, con letra, al futbol. Hay himnos de equipos, claro, pero como deporte más popular sobre la canica terrestre no creo que tenga tantas piezas como se supondría. Recordé, para documentar un poco el asunto, cuatro canciones populares en las que ya había detectado alguna lejana vez la presencia del futbol. Las enumero y al margen hago un comentario. Hoy tenemos la ventaja, por suerte, de contar con hipervínculos que nos ahorran el despliegue de excesivas glosas.

“Chiquillada”

Hace mil años oí “Chiquillada” por primera vez. Creo incluso que todavía tengo por allí ese disco de vinilo grabado por el grupo uruguayo Los Olimareños; luego, años después, tuve esa canción en un caset con piezas interpretadas por Jorge Cafrune, que es la versión más reconocida por mis orejas. Su autoría corresponde, si no me equivoco, a Leonardo Fabio, el gran cantante popular y cineasta argentino sobre quien, por cierto, ya escribí algo alguna vez, cuando murió. “Chiquilladas” propone una evocación de la infancia. Su imagen más visible es, por ello, la del “pantalón cortito”. Aunque sólo la segunda estrofa se refiere frontalmente al futbol, siento que esos cuatro versos impregnan toda la obra; creo que debido a tal descripción relámpago del partido uno sospecha que en todos los versos está cerca un balón. No olvido decir que hay una o dos estrofas demasiado pasadas de caló, inentendibles para un mexicano; no importa pues sobrevolarlas.

Pantalón cortito,
bolsita de los recuerdos.
Pantalón cortito,
con un solo tirador.

Con cinco medias hicimos la pelota.
y aquella siesta perdimos por un gol,
una perrita que andaba abandonada,
pasó a ser la mascota del cuadro que ganó.

Pantalón cortito,
bolsita de los recuerdos.
Pantalón cortito,
con un solo tirador.

Dice el abuelo que en los días de brisa,
los ángeles chiquitos se vienen desde el sol,
y bailotean prendidos a las cometas,
flores de primer cielo,
caña y papel color.

Media galleta, rompiendo los bolsillos,
palitos mojarreros, saltitos de gorrión,
los muchachitos de toda la manzana,
cuando el sol pica en pila,
se van pa’l cañadón.

Pantalón cortito,
bolsita de los recuerdos.
Pantalón cortito,
con un solo tirador.

Yo ya no entiendo que quieren los vecinos,
uno nunca hace nada y a cual más rezongón,
la calle es libre si queremos pasarla,
corriendo tras del aro, llevando el andador.

Bochón de a medio, patrón de la vereda,
te juro no te pago, aunque gane el matón.
Dos diente e’leche me costaste, gordito,
la soba de la vieja, pero te tengo yo.

Pantalón cortito,
bolsita de los recuerdos.
Pantalón cortito,
con un solo tirador.

Fiesta en los charcos cuando para la lluvia,
caracoles y ranas y niños a jugar,
el viento empuja botecitos de estraza,
lindo haberlo vivido pa’poderlo cantar.

Pantalón cortito,
bolsita de los recuerdos.
Pantalón cortito,
con un solo tirador.

“El sueño del pibe”

Hace pocos años encontré que Maradona —quien canta apenitas, pero algo canta— se aventó en televisión un tango llamado “El sueño del pibe”. Es un tango de 1945, más o menos la época de oro del género; la letra es de Reinaldo Yiso, y de Juan Puey es la música. Se puede afirmar que pese a su género —casi obligatoriamente llorón, triste—, tiene un final feliz, aunque es una felicidad ilusoria, pues se trata de un sueño. Lo curioso es que esta fantasmagoría comienza in medias res, es decir, cuando el sueño del pibe ya va en camino al desenlace. Aunque es posible investigar de quiénes se trata, es suficiente decir que menciona jugadores de la prehistoria del futbol argentino. Lo importante es que abraza un deseo ubicuo en la infancia adicta al futbol: el de jugar alguna vez en primera y ser héroe frente a un estadio lleno. La versión que ofrezco aquí es la del cantor uruguayo Enrique Campos. Ojo: la mención a los jugadores antiguos puede variar según la época en la que esta pieza sea interpretada, por eso aquí cambia a Martino y Boyé por Roberto Perfumo (quién murió hace poco) y Antonio Rattin (quien vive todavía).

Golpearon la puerta de la humilde casa,
la voz del cartero muy clara se oyó,
y el pibe corriendo con todas sus ansias
al perrito blanco sin querer pisó.

“Mamita, mamita” se acercó gritando;
la madre extrañada dejo el piletón
y el pibe le dijo riendo y llorando:
“El club me ha mandado hoy la citación”.

Mamita querida,
ganaré dinero,
seré un Baldonedo,
un Martino, un Boyé;
dicen los muchachos
que ya peinan canas
que tengo más tiro
que el gran Bernabé.
Vas a ver qué lindo
cuando allá en la cancha
mis goles aplaudan;
seré un triunfador.
Jugaré en la quinta
después en primera,
yo sé que me espera
la consagración.

Dormía el muchacho y tuvo esa noche
el sueño más lindo que pudo tener:
el estadio lleno, glorioso domingo
por fin en primera lo iban a ver.

Faltando un minuto están cero a cero;
tomó la pelota, sereno en su acción,
gambeteando a todos se enfrentó al arquero
y con fuerte tiro quebró el marcador.

“Pénalty de amor”

No es muy conocida, pero yo la recordaba sobre todo por lo payaso de su letra. No sé si la compuso el cómico Luis de Alba, quien la canta, y obviamente se trata de un producto que intenta el humor. La música imita sin tapujos el estilo putañero de la Sonora Santanera, respaldo idóneo para un tema de despecho. Lamentablemente no tengo mejor versión que esta (debemos omitir la introducción kilométrica de la radiodifusora e instalarnos de golpe en el minuto tres). Otra observación: hay un verso que no entiendo y por ello lo marqué con puntos suspensivos.

Me metiste un pénalty de amor
en mi portería
me metiste un pénalty de amor
en mi corazón.
Yo era siempre muy limpio en el amor
como en el futbol
me hiciste que sintiera un autogol
ya no lo…
Eran tus ojos dos balones
verdes como árbitro en mundial.
Eras sudor de mis talones
en un partido que cambió.
Me metiste un pénalty de amor
en mi portería
y ya sólo espero un tiro indirecto
y remontar el marcador.

“Golearon al diablo”

La rola de esta índole más surrealista jamás compuesta, ignoro por quién, es “Golearon al diablo”. También aborda un sueño, en este caso el de un partido completo de futbol en el que participan, maniqueamente, los buenos contra los malos. Es pues una letra delirante, apta para un arreglo como el que tuvo: guapachoso, tropical, con final dizque tragicómico. Hallé tres versiones, y elegí la de Mike Laure. Otra más es de Gustavo Quintero, cantante colombiano desconocido en México, y, la última, del grupo Renacimiento 74, grupo que alcanzó la inmortalidad gracias a la horripilantez de su piojoso estilo. Creo que “Golearon al diablo” es la única canción futbolera que atraviesa un partido íntegro, lo que no deja de tener algo de heroico. Un último detalle: nótese que la lista de buenos y malos agarra sin ton ni son personajes bíblicos, santos muy ulteriores (como el peruano San Martín de Porres) y malandros de la antigua Roma.

Señores voy a contarles
el sueño que tuve ayer
soñé que en el cielo estaba
paseando con mi mujer
subimos a una carroza
que la jalaba un dragón
viví cosas tan hermosas
que me causó admiración,
de pronto nos encontramos
sentados en un estadio
y un equipo de los buenos
jugaba contra los malos
San Pedro sacó la bola
y la remató San Pablo
San Ignacio de Loyola
dos goles le metió al diablo.

Dos goles, dos goles
ya le metieron al diablo.
Dos goles, dos goles
ya le metieron al diablo.

El diablo sin vacilar
la pateó para Nerón
éste la tiró a Caifás
y Caín al faraón
Noé remató de esquina
para el negrito Martín
se formó la tremolina
entre Goliat y David
cabeceando Barrabás
hacia Judas la chutó
pero la agarró Jonás
y a Moisés se la pasó
y para cobrar un faul
el suegro de este tirano
pateó la bola a Sansón
y otro gol le metió al diablo

Tres goles, tres goles,
ya le metieron al diablo.
Tres goles, tres goles,
ya le metieron al diablo.

Pero apretó el marcador
y a los malos derrotaron
en su carroza montó
echando chispas el diablo
por ser hincha de los buenos
a mi mujer abracé
con rabia me tiró al suelo
ahí fue cuando desperté.

A golpes, a golpes
me despertó mi mujer.
(Coro) A golpes, a golpes
te despertó tu mujer.

Nota: hace varios años escribí un comentario que atiende el mismo tema. No lo amplío; sólo lo recuerdo aquí.

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