AL LARGUERO

Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

Si dicen que el hombre gira alrededor de sus circunstancias y necesidades, seguro que el hombre de futbol se adapta al tiempo que se vive, sin alternativa, pero siente que el sabor del nivel de calidad de juego en México, ahora mismo es como si comiera cartón, porque la irregularidad reina en los equipos, el arbitraje es deficiente y del juego solo vemos destellos.

El futbol mexicano dejó de ser una fiesta entusiasta, cuando se contaban los días para que llegase el domingo soleado y la semana era un encuentro de especulación, de movimientos y de comentarios populares, cada cual con su tendencia.

Hoy reina la frialdad, igual que en las tribunas desoladas, así que los comentaristas se ven obligados a inventar un panorama inexistente. En la cancha está un forcejeo cada vez más parecido a un hormiguero, con lances que no emocionan. Y luego la desigualdad. La brecha entre pobres y ricos, aunque la respuesta no es siempre la mejor entre los pudientes, como Tigres donde ahora mismo descubren que Don Tuca tiene secuestrado al equipo ¿después de tanto tiempo?, donde un grupo de caros jugadores apenas tienen para lo básico. Esconden la pelota Carioca y Guido, esperando que Gignac haga milagros, pero reposando en el viejo tema de que en el proceso es lento “pero al final se vuelve temible”.

Los Rayados tienen también nómina muy alta con un nivel muy bajo, donde Mohamed se defiende de la crítica como puede y saca ases de la manga como el olvidado Ake Loba pero dejando que el árbitro permita que Nicolás brinde un concierto de patadas y hasta cometa un penal sin ser sancionado, que además sea rígido con el rival, emulando tiempos que parecían olvidados y que nos trasladen a la época de la segunda división hace años, con arbitraje localista.

Los tiempos son otros y el negocio manda. Santos tenía su Cabecita y lo vendió a Cruz Azul, donde ahora luce reluciente mientras Almada sufre por la falta de gol. Y las diferencias se resienten. Santos batalla para completar su equipo pues tienen caballería reducida y los cementeros se dan lujos, porque Siboldi muestra la profundidad de su banco de suplentes, haciendo ingresar a Alexis Gutiérrez, Alex Castro, Elías Hernández y Milton Caraglio. Los pobres y los muy ricos.

La memoria mejorada es atractiva para la mayoría de nosotros pero la capacidad de olvidar es muy valiosa. Sin embargo para la gente que desea ver a los cementeros como un renacido, que se ilusiona con las pinceladas que da la tropa de Robert Dante, quisiera ver émulos de Marín, Kalimán, Vera, Muciño, Quintano, Victorino, Alejándrez, Prado y Horacio pero se emparenta con Chaco II y cobra impulso cuando Cabecita merodea el área, con su vista de lince y sed de gol.

El futbol atrae porque vive emparentado con la identidad del hombre, con lo estético y todo ello luego se asocia con la pasión. Somos como vigías en el camino que recorren los héroes de juego, miramos como ellos y hasta queremos entrar a la cancha para que nos permitan cabecear.

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